21Febrero2018

Miércoles, 21 Febrero 2018
7:00:20pm
  • Por Miguel Ángel López Farías

RedFinancieraMX
México/Colaboración especial

Leonardo tenía 12 años. Desde el domingo temprano le anduvo preguntando a su mamá que "qué se sentiría ahorcarse". Sus padres hablaron con él para quitarle de la cabeza esas ideas. Por la noche, Leonardo cumpliría su cometido, se suicidaría, esto, en Cuatro Ciénegas, Coahuila.
Nuestros hijos, sobrinos, nietos, primos o hermanos, todos ellos entre edades de 15 a 29 años viven un alto grado de vulnerabilidad frente a la oleada de suicidios.
Un incremento que se ha venido presentado en el país, un aumento del 270 por ciento en los últimos años. Ya es común abrir las páginas de los diarios y encontrarse con el colgado o el envenenado de todos los días, por no citar a los que se arrojan al metro.
El punto es que por las venas de la conducta mental algo muy grave está ocurriendo con nuestros chavos. Los jóvenes, niños, como es el caso de Leonardo están llevando sus ideas sobre quitarse la vida a planos de una realidad que termina por destrozar a quienes les rodean.
Los números reflejan una cruda verdad, el valor por la vida no sólo se ve reflejada con los innumerables asesinatos de todos los días sino con la inclinación de autoinfligirse la muerte como respuesta a una existencia para ellos sin sentido, este drama nos convierte, otra vez, en una sociedad que ha ido perdiendo poco a poco los pilares que daban soporte a una mejor convivencia y respeto por la vida.
La mirada con la que nuestros niños o jóvenes aprecian lo que les rodea ha entrado en una franca devaluación, y si detenemos la película podremos apreciar a detalle todos los mensajes que diariamente se les envían por medio de la violencia, la corrupción, la frustración por un futuro incierto, la desintegración familiar y la sustitución de patrones de conducta claros por unos inciertos producto del bombardeo de medios de información como la Internet y sus múltiples trampas.
No hace mucho, jovencitos jugaban al reto de "la ballena azul" como ejemplo del sinsentido por el respeto hacia uno mismo y si muchas ganas de llamar la atención de los mayores por medio de grandes heridas en los brazos hasta llegar al suicidio.
El que uno de nuestros niños se quite la vida nos debe obligar a preguntarnos por el papel que como adultos efectuamos, ellos están siendo sembrados por nuestras semillas de la indiferencia, todos los días les abonamos muchos condimentos a su panorama de desgracias.
Ellos, nuestros pequeños no son el bote de basura de los adultos, pero los tratamos. Así, con poco esfuerzo y nula orientación buscaran experimentar, como el niño de Cuatro Ciénegas, Leonardo, saber lo que se siente ahorcarse.

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