21Febrero2018

Miércoles, 21 Febrero 2018
7:06:50pm
  • Por Miguel Ángel López Farías

RedFinancieraMX
México/Colaboración especial

Somos sumamente frágiles, quebradizos por fuera, pero lo que hoy se despierta es la fuerza más poderosa del ser humano, la fuerza de voluntad, no me iré a los detalles, necesitamos ver el cuadro completo, una sinfonía extraordinaria de brazos desnudos cargando piedras o sirviendo café, ojos escoltados por tapabocas, azules y blancos, las miradas determinantes, el coraje en la frente, los cascos apretados a las sienes.

Cuánta inspiración en medio de la tragedia, conmueve esa hermandad espontánea, de la sencilla conciencia del sentirnos vulnerables.

Como quiero a mi México, como amamos a nuestros vecinos, el que debajo de las lozas se encuentra atrapado, cuantas almas anónimas son tan hermanas a la hora de abrazar a otros que jamás hemos visto y que dudo mucho volveremos a ver.

Esta sociedad está hecha de acero, es de otro planeta sólo que la vida cotidiana nos coloca caretas de una supuesta indiferencia hasta que la madre naturaleza nos reúne en la misma sala y nos grita que no somos más que seres humanos sin otro don que el de la supervivencia-

Y para trazar la ruta de regreso a la fe en nosotros mismos se nos dan momentos cargados de llanto y latidos cuando se rescata a una niña en un colegio que se ha convertido en el centro de rezos más honesto de México.

Símbolos como el de la bandera colocada en el palacio municipal de Juchitán, Oaxaca, estampas de una mexicanidad que se creía perdida.

Cómo amo a mi país, cuánta devoción existe en las venas, cuantos hombros saben juntarse para crear la artística muralla de la solidaridad.

Silencio, silencio por favor, así con el puño en lo alto, pedimos silencio que debajo de los escombros se escucha la voz y respiración de mi México. Ahí está, en cada víctima y en cada vivo, pero subiste en la magia de una tragedia que nos duele, nos abre en canal y que comenzó en Chiapas, que golpeó Oaxaca, que sacudió a Puebla que tropezó a Morelos y terminó por estrellarse en la Ciudad de México.

México es fuerte, mucho, como un joven resistente a las pandemias y otras plagas. Hay mucho que informativamente se habrá de contar, números, cifras, sucesos, declaraciones, campañas.

Pero nada tan profundo como ésta romántica ayuda que sale desde Ciudad Universitaria, al grado de arrancarnos el llanto, hasta el otro ejército de mujeres que no duermen preparando café y repartiendo tortas.

Cómo queremos a México,y es tanto que nadie se ha negado a donarle la sangre que ella como madre nos regaló.

Ya nadie es igual a como eramos hace una semana, un mes, hace tres días.

Ya mudamos los dientes de leche, ya crecimos, con dolor y lágrimas, pero ya crecimos.

Ahora aprovechemos esta fuerza y hagamos algo por nuestro país. A fuego y espada, pero ya crecimos.

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