21Febrero2018

Miércoles, 21 Febrero 2018
7:02:36pm
  • Por Miguel Ángel López Farías

RedFinancieraMX
México/Colaboración especial

En el 2011, Japón recibió un golpe de 9 grados, una bestialidad de terremoto, y Fukushima le dio la vuelta al mundo por las imágenes de las olas de 5 metros tragándose todo. Hubo crisis nuclear, pero Japón salió adelante.

Tuvieron que lidiar no sólo con el terror de un sismo de esa magnitud, sino con el síndrome del estrés postraumático, un golpe que llevó al suicidio a muchos, que generó que miles de japoneses que no estuvieron ni remotamente cerca al sitio de desastre se vieran envueltos en caídas depresivas, enfermedades emocionales, en angustia y en un repetitivo miedo a que en cualquier momento se diese otro impacto.

Aquí estamos igual, el miedo se respira y no es para menos, pero es parte de aprender a vivir en un contexto de realidad. Seguirá temblando, seguiremos probando los niveles de resistencia de los nervios, seguiremos llorando y rezando cada que la alerta sísmica se active, o el paso de un camión cargado pase por la calle y haga que el suelo vibre.

El miedo es parte de una crisis como esta, pero no debemos permitir que nos gane, que las emociones nos ahoguen.

No soy especialista en temas emocionales ni mentales, pero una cosa sí sé, que en estos momentos de zozobra muchas manos ociosas han convertido los caminos de las redes sociales en muestrarios de psicópatas que inundan de tonterías estas ventanas que han sido muy útiles para mantener informada a la sociedad.

Las mentiras, las acusaciones, las tonterías conspirativas, la difamación y un terrible listado de cosas absurdas nos han llenado el buche, y tienen un efecto en muchos, que terminan aceptando como verdaderos muchos de los mensajes.

El vómito de los desadaptados es comparado con los ojos cerrados por muchos. Y no es la culpa de esos creyentes de las mentiras, al final del día los seres humanos tenemos la necesidad de justificar nuestros miedos.

Lo que no se vale es que nos ahorremos el trabajo de analizar con un mínimo de sentido común lo que damos por verdadero, el estrés postraumático genera muchos daños psicológicos, dejamos de vivir con libertad para vivir con miedo, en eso estamos los mexicanos.

Ahí viene nuestra batalla más relevante, pero para que salgamos de la pesadilla mental es necesario comenzar a mirarnos con madurez y mucho valor, aprender a no comprar basura pseudointelectua o pseudoperiodística.

Antes de que el miedo termine por matarnos, démosle oportunidad a la razón y a la frialdad. Sólo así ganaremos más noches sin sobresaltos y podremos acabar con esos ejércitos de manipuladores de las redes.

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