17Agosto2017

Jueves, 17 Agosto 2017
12:31:08pm
  • Cometa 45P
  • De Octavio Raziel

RedFinacieraMX
México/Colaboración especial

Después del gran terremoto de 1910, que afectó a casi todo el centro del país, especialmente a los estados de Guerrero y Oaxaca, la vida continúo sin esperar mayores desgracias.
Sin embargo, al poco tiempo del temblor, sobre el oscuro cielo, con luna nueva, apareció el cometa Halley.
Desde el momento en que comenzó a vislumbrase como una pequeñísima manchita en el espacio, el chismorreo sobre la posibilidad de un descomunal choque contra el viajero erizaba la piel de la gente. Noticias diversas aparecían en los periódicos de la capital estatal y en las que se plasmaban historias estremecedoras acerca de lo que podría pasar a los habitantes de la tierra de ocurrir el enfrentamiento.
La iglesia de Teposcolula se le veía llena los primeros días; cientos de veladoras alumbraban día y noche la enorme nave. El cura del pueblo aprovechaba el fenómeno para incrementar el número de feligreses en sus ceremonias. Magnificaba las noticias que le llegaban sobre el fenómeno astronómico y que ponía en manos de Dios. Es el castigo que nos envía para probar nuestra fe y nuestra devoción, dijo, agregando que se organizaría una peregrinación a Nundiche, donde está el Niño Dios más milagroso de la región.
Un buen número de feligreses se congregaron desde la madrugada para iniciar el viaje que duraría dos días. La ruta más corta era por el camino de herradura. El recorrido atravesaba bosques de pinos y enebros, enormes ocotes que milagrosamente se sostenían en una pequeña capa de tierra y humus.
Pero el tiempo, que sana todo –hasta los malos presentimientos- trajo la tranquilidad al pueblo.
La gente salía por las noches para observar en esa bóveda celeste, entre millones de estrellas, a una que sobresalía por su larga cauda azul, rosa y naranja. Sin luna, el cielo era un manto negro plagado de estrellas de colores y tamaños diversos; la Vía Láctea era clara como un camino de leche real.
Para Eloísa, como para muchas niñas, el espectáculo era novedoso; y para los jóvenes era la oportunidad de verse sin la mirada de los padres o hermanos.
Así como llegó, silencioso, partió el cometa Halley, continuando su periplo de 76 años, antes de que lo volvieran a ver en la tierra.
El país entero vio esto, después del terremoto, como otro mal presagio para la nación que esperaba lo mejor del siglo XX.
Semanas después del cometa llegó la peste. José Alberto comentaba que los cometas eran los “portadores” de la muerte, y que siempre aparecen las epidemias, las enfermedades y, en especial, la peste, cuando estos viajeros se hacen presentes, matando a miles o millones en el mundo. Pero también eran sembradores de vida en el universo. Tal vez –dijo- uno de ellos trajo la vida a la tierra hace millones y millones de años.
La epidemia del ’10 afectó mayormente a los niños y la gente pobre que vivía en las zonas cercanas al río y a la acequia que descargaba aguas que bajaban de los lomeríos del norte.
Diario iban al camposanto varios cortejos; en ocasiones, ya sin cajón, los cadáveres eran llevados envueltos en un petate ante la escasez de féretros. La mayoría de los casos no ameritaba un velorio y un funeral digno del difunto, fuera cual fuere su nivel social, pues lo importante era deshacerse de ese foco de infección.

(*) Fragmento de la novela “Fotografía de una Gitana”, de Octavio Raziel García-Ábrego
(Primera parte, capítulo II)

El motivo de este recuerdo es el avistamiento, esta madrugada del 11 y la de mañana, día 12, del Cometa verde 45P que regresa de su visita al Sol. ¿Por qué verde? Por los chorros lanzados desde el núcleo del cometa que contienen cianógeno (CN) un gas venenoso encontrado en muchos cometas y carbono diatómico (C2). Ambas sustancias brillan de color verde cuando son iluminadas por la luz solar en el casi vacío del espacio.
Se le considera en el lugar 5 de las órbitas de cometas más cercanas a la tierra; esto es, sólo serán 23 veces más lejos de la Tierra a la Luna.
La concurrencia de epidemias de todo tipo con el paso de los cometas, esperamos que sean sólo eso: coincidencias.

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