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Confesiones de un alcohólico

por Redacción
  • Pensaba que necesitaba embrutecerme o moriría
  • Por Katy Guadarrama

RedFinancieraMX

En esta ocasión Armando P., de Ciudad del Carmen, Campeche, nos habla de sus experiencias bajo los efectos del alcohol: “comencé a tomar a los 18 años, yo no estudié, sólo tuve la primaria, vengo de una familia muy humilde, desde muy joven trabajaba de albañil, más bien de ayudante, todo comenzó un sábado, me invitaron una copa y me gustó tanto, que no paré, no me pude detener. Estábamos en una obra, haciendo un colado, poniendo fierros, el maestro albañil me envió por refrescos y hielo, mientras, que algunos de los compañeros traían ron; hicieron un preparado de alcohol y refresco, con mucho hielo.

Yo no conocía lo qué hacia el alcohol, el primer trago fue inolvidable, lo sentí sabroso, invadió mí cuerpo un calor y una tranquilidad, luego felicidad, euforia, alegría, era un estado que nunca había experimentado, era como estar en otro mundo donde todo estaba bien, porque no sentía nada… y de ahí, me gusto tanto, que a la tercera copa perdí el conocimiento y no supe nada, hasta que desperté para vomitar, porque estaba muy mareado, veía doble, no podía fijar la vista, todo me daba vueltas, me dolía la cabeza; mis compañeros de trabajo, ahí me dejaron en la obra en el techo, como pude bajé, creo tardé horas en hacerlo, no podía sostenerme en la escalera, por fin, logré salir y llegué caminando a mi casa, y mis padres pensaron que estaba mareado porque no había comido, la verdad sentía morirme, pero no entendí, ya había probado lo que se convertiría en el peor de mis males, aunque aún no lo sabía.

Fuí el hijo menor de diez hermanos, cuando mis hermanos supieron que yo estaba tomando sin control hablaron conmigo, “mira no te vuelvas como mí papá, un alcohólico de lo peor, golpeaba a nuestra madre, la hacía sufrir y la insultada delante de la gente, fue la víctima de nuestro padre. No seas como nosotros alcohólicos también, ya ves perdimos a mi hermana por lo mismo, la pobre terminó con los órganos inservibles por el alcohol”. Hay muchas cosas que no recuerdo porque fui el más chico de la familia, no viví esos días oscuros de mí casa. Aunque creo que estaba destinado para el trago, que ya lo traes en la sangre, en los genes.

Pero desde ahí ya no tuve remedio tomaba todos los sábados y luego entre semana. Hice parte de mí vida al alcohol, pues necesitaba sentirme libre, pensaba que sí no me embrutecía iba a morir, era tanta la necesidad de sentir sus efectos, era mi zona de confort, era mí mundo. El alcohol era mí todo.

En el trabajo yo bebía me sentía alegre, contento, a veces me decían los compañeros, “si no tomas ya no serás parte del gremio de albañiles”, era para sentirme parte de ellos, pero en el fondo me sentía triste, tenía miedo, buscaba aceptación de la gente, era parte de algo; yo no conocí la felicidad cuando era niño, estar borracho para mí era bonito, disfrutaba del alcohol. Sonaban las dos de la tarde y parábamos el trabajo, buscábamos comenzar a tomar, porque yo, en lo personal, me quería sentir bien encontraba una realidad ficticia a través del alcohol.

Por el alcohol perdí a mi primer matrimonio, pero nunca le di importancia, hasta que me di cuenta, del infierno en que estaba, sólo necesitaba perderme, aunque en la cruda y sus horribles efectos, pensaba que debía dejar el vicio, pero no tenía intención de hacerlo.

Durante mi primer matrimonio, ya bebía diario, era muy agresivo con mí mujer, la golpeaba, no permitía que me dijera algo, pues no me interesaba llegar a mi casa, su vida conmigo, fue horrible, se volvió una bebedora social, porque la obligaba a tomar conmigo. Fue muy infeliz a mí lado, porque no le daba su lugar a ella. Cuando llegaba a casa seguía tomando y la golpeaba, hice muchas cosas, que por respeto a mí esposa en ese entonces, no lo haré porque son indecibles. Cómo era lógico, ella se buscó otro hombre, cuando la enfrenté para quitarle a mí hijo, ella me gritó “pero el culpable fuiste tú, sólo hubo, corajes, golpes, desprecios, droga, sólo hubo insultos por eso busqué otra persona, sigue con tu vida desordenada, déjanos en paz a mí y a mí hijo”.

Al principio yo la culpé, me hice la víctima, pero no era cierto, la criticaba, pero en verdad, ella fue una víctima pues me casé cuando ella tenía 15 años y yo 25, reconozco, no fue culpable, y cada día pido perdón por todo lo que la hice sufrir.

Yo me sentía feliz borracho, aunque en una ocasión el alcohol estaba enloqueciéndome, pues bastante ebrio, reía sin control para luego pasar el llanto incontrolable, entonces un amigo me invito a una plática del grupo, fui y me quedé a escuchar porque yo quería dejar de beber, pero no podía, ya estaba sufriendo porque el alcohol me dominaba.

Luego ingreso a las fuerzas armadas y se incrementa el consumo del alcohol, y fue creciendo como una bola de nieve sin control; no tenía problemas por mí forma de beber, ya que sobornaba a los mayores trayéndoles botellas, todos éramos unos borrachos, todos nos cubríamos y no tuvimos problemas y llegué a jubilarme del ejército, pero el alcohol siempre estuvo al alcance de mis manos y de mis deseos, llegaba embrutecido a la guardia, y me escondía para curarme la cruda y luego me despertaban porque ya me estaban buscando, todos fuimos cómplices del vicio.

En un cumpleaños de mí esposa, yo tenía miedo que dentro de la borrachera hiciera algo que me llevara a destruir a mí familia, yo sentía que mí esposa ya no disfrutaba de la vida conmigo, y en el festejo empecé a beber temprano, y estaba borracho antes de la fiesta; me dijo mi esposa, “tú festejas para ti mismo, no festejas mi cumpleaños, ya estoy cansada, de esto , no lo haces por mí sino, por ti… tú no quieres entender”, eché a perder la fiesta pues de pronto estaba gritando, llorando, riendo, mientras los invitados se burlaban de la escena.

Después del episodio, tuve sentimiento de culpa que me corroía el alma, yo había hablado con mi esposa, necesitaba ir al grupo, porque yo traía una lucha interna por dejar de beber, estaba alterado por todo lo que mi mente generaba, mi cuerpo se ponía caliente, me sentía mal, no me podía levantar, temblaba sin control, porque padezco hipertensión… y el doctor me advirtió que todo empeoraría si no ponía un freno a mí forma beber .

Entonces fui al grupo, con una sola plática, me di cuenta que si tenía muchos problemas, y veía como lloraba mi hija, la cara triste de mi mujer, y no estaba dispuesto a perder otra ves a mí familia. Así comencé a estar consciente de mis problemas.

Entendí que yo también soy el resultado de una persona dañada, por mí padre, y luego dañé a personas queridas por eso reparé daños. Ya le pedí perdón a mí exesposa, por las cosas que hice en su tiempo, estaba equivocado, hice un examen de consciencia de lo que fui cuando bebía para sanear la mente y mi alma.

Es necesario reconocer y cambiar nuestra manera de beber y trabajar duro para convertirnos en personas de bien, ya no seguir dañando a los que queremos, porque los alcohólicos dañamos a la familia, a todos en nuestro alrededor, a la sociedad.

AA es algo hermoso, que salva vidas siempre y cuando, el enfermo reconozca que debe recomenzar. Hoy en día, mi familia ya me quiere, me acepta, mis hijos entienden la enfermedad que tenía y me felicitan a cada momento, por superar, y mejorar mi vida y la de mí familia

A los jóvenes, mujeres y hombres, a todos nos atrapa, hagan consciencia del problema, y cuando alguien los invite a escuchar una plática, vayan no desechen lo que no conocen, no es programa de vergüenza es un programa de vida y nos reintegra a la familia y la sociedad.

Para lograrlo, hay que someterse a los principios de AA, si entienden que tienen problema con la manera de beber y drogarse.

Es un programa gratuito. AA sección México, tiene 3mil grupos en todo el país, para atender a todo aquel que lo necesite.

Alcohólicos Anónimos, Sección México,

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