Inicio NacionalSalud Confesiones de un alcohólico/Vivía siempre con miedo, tristeza y soledad

Confesiones de un alcohólico/Vivía siempre con miedo, tristeza y soledad

por Redacción
  • Por Katy Guadarama

RedFinancieraMX 

En esta ocasión, tuvimos a Lulú originaria del Estado de Oaxaca, tímida acepta la entrevista, es tan sutil su presencia, pues no hace ningún ruido, espera para el inicio de la charla, comienza aclarando: “No soy alcohólica, pero estaba tan perdida como si lo fuera”.

“Soy una enferma emocional, desde que era niña, soy hija de un alcohólico, el miedo me paralizaba de ver como mi padre golpeaba salvajemente a mi mamá, yo sufría de epilepsia, siempre estaba encerrada, como una cárcel, miedo a la gente a todo.

En escuela me maltrataban mis maestros me golpeaban por no hablar y mis compañeros también me maltrataban. Los maestros de daban coscorrones, o me pagaban en las manos con una regla.

Ya no seguí estudiando, a los 11 años, comencé con la epilepsia y mis papas por protegerme ya no me enviaron, según ellos fui la hija consentida, yo prefería ser tratada igual que mis hermanos.

También en casa fui callada, no contestaba siempre en silencio y con mucho coraje por dentro pero no podía expresar mis emociones o mis pensamientos, mis padres no me comprendieron, no entendí nunca porqué mi mamá prefería estar con mi padre, muchas veces salía a buscarlo y le permitía y consentía, hacer todo lo que le hizo y seguía con él, eso nunca tuvo sentido para mí y eso me atormentaba.

Yo quise mucho a mi papa, no me golpeó, pero cuando estaba borracho siempre golpeaba a mis hermanos y a mí mamá, le tuve mucho coraje. Por ser la hija menor, me llevaba con ella a asomarme a las cantinas para encontrar a mi papa, y en la calle encontraba a las amantes de mí papá, le hablaban, hasta se burlaban de ella y no decía nada, y por soportar eso también golpeaban a mi mamá, mientras en mí cabeza daban vueltas esas situaciones a las que no encontraba sentido.

En eso momentos yo me moría de coraje, pero nunca lo saqué, no podía contestar y no debía meterme en las conversaciones de los adultos porque si decía algo me golpearían, sólo con una mirada mi madre me decía que me fuera de ahí… yo me retiraba del lugar aterrada y me encerraba en mi cuarto.

Los médicos me dicen que mi enfermedad es emocional, porque siempre guardé todo y eso provocó mi enfermedad.

Prácticamente estuve encarcelada en mí casa no se me permitía hacer nada, mis papás tenían miedo de que pasara algo, que tuviera una crisis y sólo dormía, la epilepsia estaba controlada, pero llena de soledad, esa era mi vida, vacía.

Cuando decidí, a los 19 años buscar ayuda, entonces fui a neuróticos anónimos y me ayudaron un poco, me sentí un poco más segura y me busqué una pareja para huir de esa vida y pensaba que al tener una pareja estaría mejor y “me junto porque pensé que todo iba a cambiar”, pero no fue así… Lulú limpia las lágrimas de sus ojos y abre y cierra varias veces su bolso, un poco nerviosa y con la voz entre cortada continúa.

“Lo conocí en una fiesta del barrio, ya me dejaban salir supervisada por mi mamá, que no perdía de vista, nos citábamos cada ocho días, iba por mí y me regresaba a mí casa, a los dos meses de salir con él, también me humillaba me trataba mal, yo no me sentía bien con esa relación. Un día mí mamá, me encontró llorando y pensó que habíamos tenido relaciones, porque le dije “pasó lo que tenía qué pasar”, en lugar de reclamarle, le dijo a mi novio, “vete por tus cosas” y lo trajo a vivir a nuestra casa; no le importó y me obligó a vivir con esta persona, porque alguien le dijo que el remedio para mí enfermedad era que me juntara con alguien y se le hizo fácil.

Yo no quería vivir con esa persona y mi mamá no quiso escucharme, mientras por dentro gritaba y lloraba “yo no quiero vivir, con él”, nunca lo pude decir… Vuelve a secar sus lágrimas y prosigue con la charla.

“A veces quiero decirle que fue ella la que decidió por mí, pero temo a su reacción y sé que diría “querías hacer tus cosas, pues chíngate “, nunca me entendió de niña, ni de grande, las mujeres para ella no tenemos ni voz ni voto. Sólo valía lo que ella pensaba.

Cuando nos juntaron, la pareja, le dice a mí madre “Cuídeme a Lourdes” porque era muy celoso, si salíamos por la calle estaba prohibido voltear a ver a alguien, hasta mí mamá me cuidaba la mirada, me celaba hasta porque veía la tele, si decía que me gustaba algo para él, decía ¿a quién se lo viste? Pero ya con un tono enojado, pensando malas cosas y pues tampoco podía hablar con la pareja, seguía completamente sola.

Cuando salíamos y hacia su berrinche, de que algo no le parecía, me dejaba en la calle sola, yo me asustaba tanto, que no era capaz de moverme, mucho menos de pensar en regresar a la casa, no era capaz de encontrar el camino de regreso, el miedo me paralizaba, y no quería preocupar a mí madre, por miedo a ella, y ahí esperaba hasta que él regresaba por mí, a veces pasaron tres o cuatro horas. No me golpeó, pero celaba mucho, cuando se iba a trabajar, mí mamá no dejaba salir a la calle, seguía encarcelada, fueron años muy difíciles.

Con una vida tan miserable como la mía, no le encontraba razón para seguir viviendo, encerrada, engañada y sola, siempre estaba deprimida, tuve una crisis donde se me fue la boca de lado por un coraje con mi pareja, me era infiel; el doctor que me atendió me aconsejó, “ un hombre como tú pareja no te merece y si quieres recuperarme toma una decisión” y de ahí agarré valor y mi madre me apoyó, quiso separarme de él,  la pareja me pidió una segunda oportunidad y se acabaron los celos, los maltratos, las humillaciones, cambió automáticamente. Aún no sé cómo pasó.

A los 22 años llego a un grupo, porque quise quitarme la vida, pero mi hija me detuvo, con su sola presencia, así llego y empiezo a sacar mis emociones y empiezo a entender muchas cosas, tengo dos hermosas hijas y por ellas sigo en el grupo, para cada día ser mejor para ellas.

Pero aún con la ayuda del grupo, me atormentaba el sentirme culpable de la muerte de mí hermano, se quitó la vida, era grosero me pellizcaba y yo decía “porque no te mueres”, al poco tiempo se suicidó y yo me repudiaba por eso y por no poder salir a la calle sola, hacer mis compras.

Sentía que me ahogaba, sentía ganas de golpear a alguien, cuando lloraba no podía hacerlo porque mí madre estaba ahí, no me escuchaba, nunca lo hizo, solo decía “no llores por chingaderas, mejor ponte hacer tu limpieza” nunca lloré lo suficiente o nunca pude botar las cosas, por miedo a mi mama a que me regañara. Por dentro yo quería explotar.

Cuando llego al grupo de neuróticos anónimos, con mucho miedo, soledad y tristeza, estuve a punto de volverme loca.

Entonces fui al grupo y esperaba ser escuchada y cuando asisto, me identifico con otras personas en la misma situación, porque yo reprochaba a Dios, por mí vida tan estúpida y horrible. Estas personas que sienten lo mismo y me siento parte de ellas, me sentí comprendida, no me rechazaron, muchas veces me hicieron a un lado en la sociedad por mi enfermedad, en algunas ocasiones le dijeron, a mis papás que no me dejaran salir, mis familiares no me querían; los compañeros me aceptan como soy, todos somos iguales, por eso me quedo en el grupo, me siento parte de ellos.

Ahora soy una persona que ya puedo tomar decisiones, para mí madre que era mi consejera, y yo tenía que hacer todo lo que ella decía, al principio fue difícil, para ella y para la pareja tuvieron que aceptar que yo estaba cambiando y me ven ahora como una persona normal. Mi mamá ahora esta descansando porque ya no sufre por mi enfermedad, esa enfermedad no desapareció por completo. Todavía tengo episodios críticos.

Más adelante, Cuando llego a AA, me enseñan a aprender de mis errores y controlar las emociones, a crecer día con día. Una vez, el doctor, me dice que mi pareja estaba enfermó de un tumor en la cabeza, me asusté, quería correr no podía afrontar ese problema y en el grupo me apoyaron mucho para salir adelante con la situación.

Después, me entero que mi pareja me engañaba, yo me confié, me sentía estable, ya no asistía a las reuniones, pero no pude soportar y volví al grupo, para que me guiaran, porque estaba perdida otra vez.

Ya tengo 11 años en dos diferentes grupos, hoy soy tesorera de viajes del área de AA, y hago la limpieza en unas oficinas, ahora me sentido libre, segura, y sobre todo bien conmigo misma.

A mí me funciona, cada día, me siento parte de la sociedad, el grupo si funciona y me siento feliz con mi familia.

Hoy sigo con mi esposo y seguimos cada día, a mis 33 años. Me veo mejor que ahora, con otro tipo de trabajo, quiero superarme, quiero estar bien conmigo misma y mi familia, me veo fortalecida para el futuro.

Alcohólicos Anónimos, Sección México, Ofrece una alternativa de Solución para quien Sufre la enfermedad del alcoholismo.

Servicios totalmente gratuitos.

Tel. 57055802. Lada sin costo: 018005613368

Te puede interesar