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La Costumbre del Poder

por Redacción
  • Del Oráculo de Delfos a las estadísticas II/V
  • Por Gregorio Ortega Molina

RedFinancieraMX

Para Susana Dávalos y Fernando Solana Olivares

En esa época y hasta el siglo XVIII, incidían los intereses personales, los de la nobleza o los de los terratenientes y los burgueses. Hoy es distinto, son las corporaciones, los especuladores y las guerras económicas regionales y globales, las que modifican el presente y siembran para el futuro

Conocer con anticipación lo que va a ocurrir dentro de un rato, o saber lo que depara el mañana, o tener la certeza de que vamos a estar vivos el año que viene, siempre ha sido obsesión humana. Queremos ganarle al destino, anticiparnos para saber el día, la hora y el modo en que vamos a fallecer, y si antes ganaremos la lotería, o el melate.
Los gobernantes de todos los tiempos han dispuesto de augures y adivinos, otros acudieron al Oráculo de Delfos, otros más, en lo íntimo, en la oración, pidieron a Dios una señal. Los arúspices de todo tipo preceden decisiones trascendentes que transforman el futuro, porque antes modificaron o condicionaron la manera de pensar, de percibir, de ver el mundo, con las respuestas que dieron a quienes los consultaron. Recetaban historia, el pasado.

En medio de sus más bochornosas incertidumbres, los seres humanos que desearon evitar que los acusaran de brujería y los quemaran vivos, dejaron de consultar el vuelo de las aves, o sus entrañas, para buscar respuestas en la astrología. Todavía hay quienes son incapaces de dar un paso sin antes leer el horóscopo, que es la vulgarización de la lectura esotérica de los astros.

Los profetas son de otra estirpe, por ser portadores del mensaje de la divinidad. Sólo después de consumados los hechos anunciados por ellos puede confirmarse su dicho, o es el registro histórico el que los desmiente. Mientras se espera que suceda lo anunciado, lo único que queda es la fe, tenerla, compartirla, predicarla. Entramos al ámbito de la religión.

Los escasos registros que constan de la consulta al Oráculo de Delfos muestran que el fruto del presente se sembró en el pasado, y la semilla del futuro también. Avisó a Sócrates de lo que le ocurriría de continuar con la enseñanza, con la siembra de la duda, con la interrogante perpetua. Transmitir conocimiento es un riesgo, y lo corrió, a nadie culpó de lo sucedido en el pasado, sólo asumió su responsabilidad personal e histórica para esforzarse en modificar -en su medida- su presente, con la idea de que el futuro tuviese la oportunidad de ser mejor.

Antes, mucho antes, en esa época y hasta el siglo XVIII, incidían los intereses personales, los de la nobleza o los de los terratenientes y los burgueses. Hoy es distinto, son las corporaciones, los especuladores y las guerras económicas regionales y globales, las que modifican el presente y siembran para el futuro.

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