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La costumbre del poder

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  • Dólares para enterrar la soberanía
  • Por Gregorio Ortega Molina

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*Tienen la certeza de que el dinero vence cualquier voluntad y toda otra resistencia, ya no digamos ese viejo y en desuso concepto de soberanía

Dólares para enterrar la soberanía

¿Son realmente incompatibles conceptos como soberanía, globalización, libre comercio? ¿Dónde quedaron las ideas de patria e identidad nacional? ¿Cuándo perdieron nuestros gobernantes ese sentido de dignidad tan útil para la defensa del Estado y de la República?

No me salgan con que la dignidad no da de comer, le he dado vueltas al considerando y, en buena medida es una falacia, porque al alimentarse y vestirse gracias al propio esfuerzo y al útil aprovechamiento de las oportunidades, se vive bien y mejor, que con la cola entre las piernas por la sensación de haber cometido traición consigo mismo y los gobernados, al desaprovecharse ingenio, imaginación y maña para que los del Imperio jodan menos a los mexicanos, a este pueblo bueno y sabio, ahora más pobre.

Ya he recuperado el recuerdo de lo que Adolfo López Mateos dijo a Gastón García Cantú: “Es muy difícil aprender a decir que no a Estados Unidos”. Hoy la diplomacia mexicana está totalmente desdibujada. Quizá los últimos auténticos cancilleres fueron Antonio Carrillo Flores, Manuel Tello, Jorge Castañeda (el bueno) y Bernardo Sepúlveda… los demás adquirieron esa tonalidad gris en que se convirtió la autoridad moral de la diplomacia mexicana. Había doctrina y voluntad, hoy sólo existe la sumisión ante la amenaza de cerrar la frontera, poner aranceles, deportar a los ilegales de cualquier país a territorio nacional, e imponer sanciones por combatir mal y tarde al narcotráfico.

¿Hay la posibilidad de que, entre 120 millones de mexicanos, el destino nos regale un canciller con la entereza de Gilberto Bosque y la imaginación de Genaro Estrada? Continúo sosteniendo mi hipótesis de que la cancelación del aeropuerto de Texcoco no obedeció a un caprichito local, sino a la exigencia de suspender una obra que limitaría el poder de Estados Unidos sobre el control aéreo de América del Norte, al restarle méritos y mercado a los aeropuertos de Atlanta y Panamá.

Tengo el palpito de que AMLO deseaba cumplir su oferta a Alfonso Romo y al grupo de inversores del Aeropuerto, pero algo cambió después de la visita de los jerarcas de BlackRock a México, para continuar las conversaciones iniciadas con Marcelo Ebrard, y hacer sentir al presidente de los mexicanos su peso y opinión en materia de inversiones.

En cuanto a lo que ha sucedido desde entonces, ningún recuento puede hacerse, salvo la observación de que los virus nunca reconocen fronteras y se imponen ante la estupefacción de quienes creen mangonear en el mundo, pero resulta que nunca toman en cuenta los caprichos de la madre naturaleza ni el poder y fuerza de la fe. Tienen la certeza de que el dinero vence cualquier voluntad y toda otra resistencia, ya no digamos ese viejo y en desuso concepto de soberanía.

Para nuestros gobernantes van los dos epígrafes que Don Winslow usa en La Frontera: “Son como quien levanta un muro inseguro y luego lo recubre con cal. Pues diles a esos que blanquean el muro, que el muro se vendrá abajo”. Ezequiel 13; el siguiente se lo debemos a Milán Kundera, de El libro de la risa y el olvido: “Basta con tan poco, tan terriblemente poco, para que uno se encuentre del otro lado de la frontera, donde todo pierde su sentido: el amor, las convicciones, la fe, la historia”.

Es un resumen de la situación entre México y Estados Unidos.

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