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La costumbre del poder

por redfinanciera
  • Línea 12 y el costo del clientelismo
  • Por Gregorio Ortega Molina

RedFinancieraMX

*Al menos desde hace diez sexenios los gobiernos han sido deficientes -el actual es quizá el peor-, y eso debe cambiar. Salgamos a votar con la conciencia de lo urgente que es el cambio, aunque se inicie con una crisis entre lo que el pueblo bueno y sabio verdaderamente necesita, y los prontos de AMLO.

De muchas maneras todos somos corresponsables de lo ocurrido en la Línea Dorada, como en otras tragedias. Me refiero a la destrucción administrativa de Pemex y CFE, al desperdicio del agua, a la crisis con los medicamentos. Nos hemos mostrado incapaces de detener el clientelismo político.

El boleto del Metro tiene, hoy, un costo de cinco pesos, cuando debiera cobrarse a los usuarios tres veces más, al menos, para que su administración cuente con los recursos suficientes para mantenimiento y modernización, ya no hablemos de la seguridad y la limpieza. Algunos de los accesos en estaciones concurridas son una verdadera corte de los milagros.

Claro, dejarían de dar su confianza, su fe y su voto al gobierno de la 4T, que con otras siglas mantiene el control político, financiero y de dinero negro de esta Ciudad de México.

Es posible que un departamento de clase media en la del Valle, la Cuauhtémoc o Mixcoac, consuma menos energía eléctrica que un hogar de Iztapalapa, Tláhuac, Gustavo A. Madero, pero paga más, porque lo que se busca es asegurar sufragios para mantener el poder. Lo mismo ocurre en toda la república.

El déficit crónico en las finanzas de la CFE puede deberse a la corrupción, pero más obedece a los lineamientos exigidos para conservar ese clientelismo electoral tan necesario para medrar desde el poder. De ahí que tengan tan poco interés por la transparencia.

En cuanto a Pemex, es el mayor atraco en la historia al que todos, o casi todos, hemos contribuido con nuestro silencio, al menos. A los poseedores de vehículo automotor resultaba cómodo pagar los litros de combustible por debajo de su costo de producción; los propietarios del autotransporte se vieron “subsidiados” por los gobiernos, pero de alguna manera se las ingeniaban para subir el precio de los boletos, tanto en pasajeros como para el envío de mercancías.

Imposible determinar cuál fue el costo mayor. ¿Los atracos de los líderes sindicales de ambas empresas y sus directores, o los subsidios por asegurarse los sufragios necesarios para conservar el derecho a medrar y mangonear?
¿Se modificará esta complicidad entre electores-partidos-gobierno? ¿Qué se requiere para lograrlo? Hacer lo que los políticos nada más dicen de dientes para afuera y no cumplen, al menos desde Luis Echeverría Álvarez, cuando levemente pugnó por el cambio de estructuras mentales.

¿Necesitamos volver a nacer para ser diferentes y actuar de otra manera? ¿Cómo pagar los servicios en su justo valor? Ya hasta mis nietos me responden con certeza y claridad: cuando los gobiernos ofrezcan esos mismos servicios, pero de calidad, con la seguridad de que se va a llegar vivo a destino.

Al menos desde hace diez sexenios los gobiernos han sido deficientes -el actual es quizá el peor-, y eso debe cambiar. Salgamos a votar con la conciencia de lo urgente que es el cambio, aunque se inicie con una crisis entre lo que el pueblo bueno y sabio verdaderamente necesita, y los prontos de AMLO.

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El México bueno y sabio fácilmente puede irritarse. La realidad económica nos indica, en nota de El País, lo que ocurre: “El empleo en México, a un año del primer pico de la pandemia, no consigue recuperarse del todo.

La población sin trabajo en el país al término del mes de abril ha aumentado en 574.000 personas respecto al mismo mes de 2020. En total, hay 2,7 millones de personas desocupadas, según la última Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

La tasa de desempleo se sitúa en el 4,7% y la tasa de trabajo informal aumentó un 7,7% hasta situarse en el 55,6% de la población ocupada. Por contrapartida, las personas que declararon tener un empleo aumentaron en 12,1 millones de personas hasta situarse en 54,8 millones de trabajadores”.

Así las cosas, continuarán mintiendo desde el gobierno sobre una supuesta recuperación económica.

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