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La costumbre del poder

por redfinanciera
  • En Guerrero paradigma del engaño político y moral de AMLO
  • Por Gregorio Ortega Molina

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*José Francisco Ruiz Massieu, a quien conocí gracias a la intervención de Diego Valadés, pero a quien me acerqué gracias a Hugo Arce, lo resumió en una frase que dijo para zanjar el tema de una conversación: “No sea ingenuo, Gregorio, la lealtad en política no existe”

Siempre me he preguntado cómo va la relación entre Rafael Pánfilo Acosta Ángeles y el presidente López Obrador. ¿Estará resentido “Juanito”? ¿Fue la realización de un experimento sociopolítico? La percepción que conservo es de burla a los electores.

“Juanito”, convertido en enano del tapanco, sirvió de escabel para que se montara Clara Brugada al gobierno de la hoy alcaldía de Iztapalapa. Logró sus 15 minutos de fama gracias a la estratagema, pero se hundirá en el olvido, no así el suceso político que determinó, para siempre, la vida de Rafael Pánfilo. Su segundo nombre permitía anticipar lo que ocurriría con él.

¿Qué sucederá con la elección para gobernar Guerrero? Es muy posible que Evelyn Salgado se alce con el triunfo. Su apellido determinará la contienda electoral. Lo impredecible vendrá al momento de que jure servir y hacer servir la constitución local y se siente en la silla del poder.

Imposible saber si el senador Salgado fue un buen padre y mejor esposo, al menos como lo hizo con la dirección de La Jornada de Guerrero, o la hija le guarda algún rencor. Tampoco podemos predecir los efectos del poder en ella, desconocemos de su capacidad de decisión y los rencores que haya cultivado en el seno de la familia.

Imposible conocer las predisposiciones congénitas que pueden determinar su comportamiento en la conducción política de ese Estado, oscuro, con el grave problema de la violencia contra la mujer, los usos y costumbres ancestrales, como la venta de niñas para el matrimonio y para el servicio doméstico y quizá otros menesteres. La pobreza que determina comportamientos, el cultivo de amapola, los barones del narcotráfico, y la economía trabada, quizá a propósito, para favorecer el lavado de dinero y la impunidad.

Sin embargo, las consideraciones anteriores carecen de importancia ante la manera en que fue impuesta su candidatura, porque los guerrerenses de a pie no son de diálogo, sino de confrontación. Las consecuencias son impredecibles, por lo que el riesgo es mayor.

He conocido y tratado a tres guerrerenses. Los cito por el orden en que entraron en mi ámbito profesional y afectivo. A Donato Miranda Fonseca lo traté ya entrado -él- en años, convertido en un cúmulo de inteligencia y conocimiento de los hombres y la política. Secretario de la Presidencia con Adolfo López Mateos, y copresidente con Humberto Romero Pérez y José Gómez Huerta.

Hugo Arce Norato, quien me llevó a recorrer la montaña, tierra caliente, costa grande y costa chica. Me acercó al sentir de esa parte del pueblo que siempre ha vivido con hambre.

José Francisco Ruiz Massieu, a quien conocí gracias a la intervención de Diego Valadés, pero a quien me acerqué gracias a Hugo Arce. Una de las frases que me dijo para zanjar el tema de una conversación, lo define: “No sea ingenuo, Gregorio, la lealtad en política no existe”.

Ahora constataremos lo que los electores guerrerenses quieren para su futuro.

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