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Nunca más un 1968, ni un Ayotzinapa

por Redacción
  • Se cimbró el Palacio de San Lázaro al recordar 50 años del movimiento estudiantul
  • Por Javier Bárcenas

RedFinancieraMX

¡GOYA! ¡GOYA! ¡CACHUN, CACHUN, RA, RA! ¡CACHUN, CACHUN, RA, RA! ¡GOYA! ¡UNIVERSIDAD!, así se cimbró el Palacio legislativo de San Lázaro con porras al inicio de la sesión solemne del 50 aniversario del Movimiento Estudiantil del 68, de la llamada matanza de Tlatelolco.

¡Huélum, huélum, gloria! ¡A la cachi cachi porra! ¡A la cachi cachi porra!, ¡Pim pom porra! ¡Pim pom porra! ¡Politécnico, Politécnico! ¡Gloria!, también se escuchaban las porras del Instituto Politécnico Nacional, desde los palcos de invitados y de los mismos diputados ex alumnos de dichas instituciones.

Poco después de las 11 horas aún no llegaba la mayoría de los diputados para que pudiera iniciar la sesión a la que ya llamaba el presidente Porfirio Muñoz Ledo, tan sólo estaban presentes 171 legisladores.

Tras esperar 10 minutos, ya estaban registrados 311 diputados, por lo que ya se podía empezar la sesión solemne con la presencia de invitados especiales como Enrique Graue Wiechers, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México; Mario Alberto Rodríguez Casas, director del Instituto Politécnico Nacional; y Félix Hernández Gamundi, representante del Comité del 68, quienes presenciarían develación en el Muro de Honor del salón de sesiones, la inscripción “Al Movimiento Estudiantil de 1968”.

Enrique Graue Wiechers, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México recordó que el Movimiento del 68 fue un grito de rebeldía en contra del autoritarismo y la represión de un Estado insensible a los vientos de cambio que soplaban ya en diversas partes del mundo.

Mientras hablaba Enrique Graue, desde el palco se escuchaba, “Fuera porros de la UNAM” – Sí, claro que sí, claro que sí. Goya, Universidad- les respondía el rector.

“Hace 50 años nos enfrentamos los mexicanos con un aparato de Estado indiferente e incrédulo en la juventud, infundioso y autoritario, que creía ver en las genuinas manifestaciones estudiantiles las maquinaciones de una conspiración internacional encaminadas a derrocar al régimen establecido.

“El Movimiento del 68 fue también el germen de la reforma que en 1988 instauró el sistema político plural en este país, responsable hoy en día de la alternancia democrática que sucedería después y que detonó la concientización ciudadana por los derechos humanos”, dijo el rector de la UNAM.

Además, del Comité del 68: Mario Álvaro Cartagena López, Ernesto Araiza Cervantes, Mirtocleya González Gallardo, Amapola Grijalva Vega, Carlos González Arriaga, Alejandro Álvarez Béjar, Humberto Campos, Emilio Reza, Adriana Corona, Marcia Gutiérrez, Salvador Martínez della Rocca.

Poco antes de los discursos el presidente diputado Porfirio Muñoz Ledo llamó para develar en el Muro de Honor las letras en oro “Al Movimiento Estudiantil de 1968”, en memoria de quienes participaron en esa fecha de la matanza de Tlatelolco.

Los diputados Mario Delgado Carrillo (Morena), Juan Carlos Romero Hicks (PAN), René Juárez Cisneros (PRI), Fernando Luis Manzanilla Prieto (PES), Reginaldo Sandoval Flores (PT), Alberto Esquer Gutiérrez (MC), José Ricardo Gallardo Cardona (PRD), Arturo Escobar y Vega (PVEM), develaron la placa en conmemoración al movimiento de 1968.

El segundo en turno en pasar a tribuna fue el ciudadano Félix Hernández Gamundi quien dijo “exigimos la presentación con vida de los 43 jóvenes de Ayotzinapa y castigo a los agresores. Nos sumamos al ímpetu de los jóvenes que luchan contra el porrismo y claman por el fin de los juvenicidios en México”.

Acusó al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz y el entonces jefe político de México, Luis Echeverría, de aplastar sin miramientos con el uso de la violencia el movimiento social de protesta

“Sabemos que hay familias que reclaman a sus hijos y parientes, y miles fuimos detenidos arbitrariamente, torturados y sometidos a procesos penales simulados sin acusadores, sin testigos, sin pruebas, pero también sin derecho a la defensa”.

Para el integrante del comité “un pueblo herido de muerte no se rinde, no se cansa, no olvida, y henos aquí reclamando en primerísimo lugar el fin de la impunidad, que como un látigo golpea a nuestra patria. Esta misma patria que hoy está de pie clamando porque la justicia nos alcance para construir un país de iguales en democracia y en libertad”.

Félix Hernández hizo un llamado al cuerpo legislativo para sumar esfuerzos y lograr la reapertura de los procesos en contra de los genocidas de 1968, 1971 y la guerra sucia; presentación con vida de los 43 jóvenes de Ayotzinapa y castigo a los culpables.

Restablecimiento de la fiscalía especial para investigar los delitos del pasado con el avance que ya ha logrado; apertura de los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional que contienen todos los datos de la actuación militar en diversos actos genocidas, empezando con Tlatelolco en 1968 y justicia para todos los grupos sociales hoy agraviados, y no más víctimas de violencia del Estado.

Por su parte, el director del Instituto Politécnico Nacional, Mario Alberto Rodríguez Casas, manifestó que cincuenta años después somos testigos de la evolución de la vida política de nuestra nación, tenemos diversidad política, alternancia, instituciones ciudadanas, libertades que no soñábamos, tolerancia y respeto por los que piensan diferente.

El camino no termina aquí, tampoco hay marcha atrás. El Estado mexicano debe mantener un proyecto nacional donde toda la sociedad encuentre posibilidades de un desarrollo más dinámico y equitativo, sus instituciones requieren de una legitimidad social condicionada a una mayor transparencia, eficacia y eficiencia, así como a resultados tangibles.

Ineludible actualizar los propósitos de aquél gran movimiento: Pablo Gómez

La maquinaria del Estado, desde el Ejecutivo, la policía, el Ejército, el Congreso, los gobernadores, los jueces, la prensa, la radio y la televisión, las organizaciones sociales corporativizadas, incluyendo las patronales, hasta los partidos registrados por el propio gobierno estaban lanzados contra el movimiento de los estudiantes de 1968, el cual convocaba a derruir el viejo autoritarismo y empezar a cimentar la libertad política para todos.

El titular del Poder Ejecutivo, al rechazar las peticiones del movimiento desde la tribuna del Congreso, amenazó con seguir usando la fuerza armada. El Movimiento de 1968 replicó con una manifestación multitudinaria el 13 de septiembre, en absoluto silencio y con la más completa disciplina. Ahí surgió.

Cinco días después, el Ejército ocupaba la Ciudad Universitaria buscando detener a los integrantes del Consejo Nacional de Huelga, pero sin lograrlo. Lo mismo ocurrió en Zacatenco, y luego de violentos enfrentamientos, en el Casco de Santo Tomás, del Instituto Politécnico Nacional, así recordó el diputado Pablo Gómez Álvarez, aquel 2 de octubre de 1968.

Dijo que las aulas eran cuarteles, esa era la respuesta a la petición de diálogo público. “El plan estaba en marcha, la amenaza del presidente del despotismo se hacía realidad. Lo comprobaríamos en la masacre del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, hoy hace exactamente 50 años”.

“No había poderes ocultos, doctor Graue. Nadie, nadie nos manipuló, éramos libres, decidíamos nuestras resoluciones, no había nada oculto. ¿Sabe qué había?; un poder unido al mando de los asesinos en Tlatelolco, que era el despotismo presidencial del viejo sistema que aún da a veces ciertas señales de existir”, manifestó Pablo Gómez.

Advirtió que como ciudadanos no podemos limitarnos a elegir gobernantes y legisladores de vez en cuando, luego de lo cual el poder no nos pregunta nada, no nos vuelve a dar ni los buenos días.

El derecho a ser consultado debe ser consecuencia de la libertad de elegir, esto abarca también el derecho de revocar mandatos, toda libertad debe acompañarse de derechos efectivos, los cuales han de ser complemento que otorgue poder funcional a la gente y, por tanto, se vaya construyendo una nueva ciudadanía que pueda participar y decidir dentro de un marco político en el cual todos y todas empecemos a ser libres.

Dentro de la nueva transformación política de México y bajo el dictado popular del primero de julio es ineludible actualizar los propósitos de aquél gran movimiento de la juventud intelectual de 1968.

El diputado Marco Antonio Adame Castillo del PAN, señaló que fue el único partido de los hoy existentes que defendió sin ambages la autonomía universitaria y la libertad de expresión de los estudiantes, censurando que el gobierno prefiriera el uso de la fuerza al diálogo y la razón.

Dijo: “El Partido Acción Nacional no accionó los gatillos, no recibió en el cuerpo las mortíferas ráfagas de las armas, ni los tiros de gracia. Pero su dignidad, junto a la de la patria, quedó mancillada aquella noche”.

Acción Nacional asume como deber la defensa de la democracia, de los derechos humanos y las libertades individuales y sociales, principios y pilares que se edificaron en nuestro país para preservar la paz, la tranquilidad y el orden.

La diputada María Alemán Muñoz Castillo del PRI, advirtió que la lucha de las mujeres por la igualdad de género tomó un nuevo impulso y las estudiantes de todas las fuerzas, facultades, escuelas superiores, enfrentaban modelos culturales que limitaban el pleno goce de sus derechos políticos y sociales.

Las demandas del movimiento estudiantil aglutinaron rápidamente a estudiantes, profesores, profesionistas y autoridades de las universidades públicas y privadas, que unieron sus voces en búsqueda de nuevos canales de comunicación y participación.

El diputado Ricardo de la Peña Marshall del PES, señaló que el pliego petitorio original y lo comparamos con los resultados obtenidos en ese momento, en 68, el Movimiento Estudiantil mexicano fue un fracaso. La libertad de los presos políticos, la supresión del delito de disolución social, la destitución del jefe y subjefe de la policía, la indemnización a las víctimas, la supresión del cuerpo de granaderos y el castigo a los funcionarios responsables, nada de eso se obtuvo en ese 68.

El diputado Óscar González Yáñez del PT dijo el 2 de octubre de 1968 no se olvida, y advirtió ni las consignas que lo hicieron posible: libertad, alto a la represión, no a los caudillos, viva el Consejo Nacional de Huelga, viva la democracia. Diálogo, diálogo, no represión.

Mencionó que el Movimiento Estudiantil del 68 les debemos estos conceptos vibrantes, reivindicadores y orientadores, que agitan mentes y corazones, y pasiones de jóvenes de edad y de conciencia con claridad gritaban: seamos realistas, pidamos lo imposible.

Los jóvenes mexicanos de ese entonces estuvieron a la altura de la historia, revelándose contra un gobierno autoritario y represor, buscando con innumerables brigadas universitarias, politécnicas, de Chapingo, de maestros, formar conciencia para movilizarse y organizarse y luchar por libertades, justicia y democracia. A esos jóvenes muchas gracias, a esos anónimos que nunca sabremos sus nombres.

Jesús Sergio Alcántara Núñez, PVEM; Mauricio Alonso Toledo Gutiérrez, PRD; Alberto Esquer Gutiérrez, PMC y Óscar González Yáñez, PT, también exigieron no mas 1968, ni Ayotzinapa, ni 1971.

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