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Perfiles Políticos

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  • El que suelte al tigre… Que lo amarre
  • Por Francisco J. Siller

RedFinancieraMX

Por más que para algunas funcionarias del gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador sea “el más feminista”, es claro que hay profundo desagrado por el movimiento “Un día sin mujeres”, unas desdiciéndose y otras dando saltos p’tras y dándose baños de pureza.

 

Lo cierto es que las mujeres no están en primera línea para la Cuarta Transformación y por ende sus problemas no son prioritarios, como tampoco lo han sido aquellos programas de protección a sus derechos humanos, igualdad y equidad de genero, estancias infantiles o de prevención a la discriminación, entre otros. 

 

Bastó que el presidente dijera en alguna de sus mañaneras de la semana pasada que los que apoyan al movimiento feminista, son conservadores y adversarios de la derecha, para que las redes sociales se llenen de mensajes en apoyo a AMLO y contra las acciones de las mujeres por defender sus derechos.

 

Sin embargo todos los días hay muestras de simpatía por las voces femeninas que se levantan y que buscan mostrar el músculo cívico el próximo 9 de marzo y paralizar las actividades, en lo que sería una protesta nacional, de frontera a frontera y de costa a costa.

 

Desde luego que en un movimiento como este habrá oportunistas que quieran sacar raja política. Eso no se puede evitar, como tampoco que desde las chairo-trincheras las bombardeen con memes, ironías y bromas de mal gusto. Los colectivos feministas protestan, porque viven situaciones ya insostenibles.

 

En los hogares, las empresas y el gobierno, en las universidades, en las calles, las maltratan, las violan o las matan. Las desaparecen y las autoridades voltean la vista a cualquier otro lado y poco hacen para atender los reclamos de justicia que parten de este importante sector social.

 

El Presidente de la República no necesita que sus seguidores lo respalden en sus opiniones sobre su inamovilidad para respaldar a la mujer mexicana, ni que sus funcionarias hablen de “golpes blandos” o que su esposa, la doctora Beatriz Gutiérrez Müller cambie de opinión luego de unas horas de sumarse al movimiento, cambie su postura.

 

El problema para la 4T es que están confundiendo los objetivos. No se trata de protestar contra López Obrador, lo toman como una ofensa, como algo salido de los enemigos del gobierno y no es así. Buscan obligar a que se actúe con prontitud, con diligencia, que las leyes y las autoridades las defiendan y garanticen su seguridad.

 

El presidente López Obrador se equivoca al pensar que es cuestión de moralizar a la familia. No ve el problema como suyo o de su gobierno, que por cierto recortó para el 2020 –comparativamente al del año pasado– alrededor de dos mil millones del presupuesto en unos 20 programas destinados al desarrollo de la mujer.

 

La moralina López-Obradorista no dará resultados mientras se piense que el movimiento feminista es una moda pasajera, que solo hay que esperar a que bajen los ánimos y la temperatura de los reclamos. Entre menos haga el gobierno, la protesta seguirá creciendo y aquella amenaza de “el que suelte al tigre, que lo amarre”, puede volverse realidad.

 

Por cierto, unos números oficiales del INE: El 52 por ciento del Padrón electoral esta conformado por mujeres –unas 45 millones 289 mil– y para las elecciones de 2018 de los 36 millones 926 mil 613 votantes, el 56.9 por ciento fueron mujeres. Si ello no dice nada a la 4T, que los agarren confesados para las elecciones que vienen.

 

Y no es asunto de fifís, conservadores y reaccionarios. Tras la advertencia no hay engaño…

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