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Picotazo político

por Redacción
  • Por Miguel Ángel López Farías

RedFinancieraMX

Mientras se lanzan miradas de desprecio, el matrimonio fallido entre los empresarios y el próximo presidente se encaminan a los juzgados para firmar el divorcio y ver quién se queda con los niños , pocos, muy pocos se preguntan lo que ha sucedido con el tercero en discordia, el que de alguna manera provocó que la luna de miel se volviera amarga, el mismo que sembró  con debilidad las semillas de una relación que ha sido aún mucho más traumática para todos y que tras su paso fallido decide esconderse en un mutismo que evita explicar el por qué dejo a su suerte todo lo construido, lo armado.

Enrique Peña Nieto es el nombre del personaje que no aparece en la primera línea de la trama: hasta el momento son sólo dos frentes encontrados, los empresarios y Andrés Manuel López Obrador, pero la génesis de lo que hoy se registra como la crónica de la muerte de un aeropuerto, tiene por origen las zonas grises de la operación que se dio entre el actual presidente y su equipo y los inversionistas.

Ojo, es poco defendible el que por medio de una manipulable  consulta se fije una de las decisiones más graves en materia de inversión, pero esto adquiere tintes dramáticos cuando se puede ver como el principal promotor de esta obra, el actual presidente de México, va retirando poco a poco la mano, para dejar a su suerte a los que apostaron por Texcoco, la respuesta de Peña Nieto ha sido por decir lo menos tibia, sabedor que su tiempo ha concluido, que ya no pesa, pero esto solo es reflejo de lo que su sexenio ha sido, uno en donde sus colaboradores se comportaron como sus enemigos , uno cargado de excesos, de aires de  incontrolable corrupción ,de complicidades sin límites.

Cierto, el presidente Peña comenzó por enterrar el nuevo aeropuerto mucho antes de esta consulta, y junto con Texcoco sepulto a su partido, y los priistas aun sin esa capacidad de hacer rendir cuentas a su primer jefe. Un mandatario que mostró una increíble tolerancia a los suyos, que todos los días dejaban en claro que lo más importante era la concreción de grandes negocios y el interés de sus carteras que el del verdadero servicio al país y la lealtad hacia su jefe, el presidente de México.

El tiempo nos viene dando la razón: si el presidente Peña supo anotarse aspectos positivos en su gobierno, allá, en los pinos, no supieron transmitir, comunicar esos avances, la arrogancia del creerse indestructibles y que no pasaba nada con el  enojo y la frustración de los mexicanos, es que los llevo a primero, sufrir la humillante derrota del primero de julio, y como consecuencia de esto, del derrumbe de todo lo que huela a Peña Nieto y compañía, incluido nuevo aeropuerto y las reformas que se atraviesen. Lo repetiré, estamos frente a el nacimiento del estilo personal de gobierno del próximo presidente, ya sabemos que su medicina serán las consultas, sean estas de juguete o no, pero la historia actual no puede dejar grietas pendientes sobre el que se va, la herencia dejada y el cómo ha permeado la impresión de que Peña Nieto ha pactado hasta su silencio. O sea, en política se define como “lo que parece, es”.

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