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Picotazo político

por Redacción
  • Por Miguel Ángel López Farías

RedFinancieraMX

“el culto de la virgen (de Guadalupe) no sólo refleja la condición general de los hombres, sino una situación histórica concreta, tanto en lo espiritual como en lo material. y hay más: madre universal, la virgen es también la intermediaria, la mensajera entre el hombre desheredado y el poder desconocido, sin rostro: el extraño”.

 

Así definía Octavio Paz en el “Laberinto de la soledad” esta forma en que el celosísimo mexicano asentaba su fuerza en el culto a la virgen de Guadalupe y es la madre  ella y no su hijo, Juan Diego el beatificado y ahora santo el que se le venera por ello es que nada hay de raro en este fenómeno social, antigua mezcla de esperanzas y dolor, pues esta nación, proveniente desde su historia del vasallaje español y del destierro indígena, en donde Tonantzin cubría las necesidades de la tierra como madre protectora .

 

Sigue llamando la atención que todo nuestro capital espiritual y de esperanzas continúe siendo depositado en la morenita del Tepeyac, y Octavio Paz, lo afirma, los mexicanos necesitamos una intermediaria entre el poder divino y el terrenal, y es ella, la figura materna la que llena esa aspiración, pero debemos quitarnos ese manto romántico sin perder la esencia de lo que somos y lo que se le debe a ella, que como factor de unión continua convocando a una nación que le canta y llora.

 

Los mexicanos debemos abandonar la condición de criaturas desvalidas y comenzar a construir una nueva versión del humillado pueblo, y esto lo digo porque es impresionante la energía que mueve a una nación para rendir culto y no para buscar un nuevo comienzo, la virgen convoca, cierto, pero esto debería provocar también un nuevo despertar.

 

A ella, la madre, no se le pueden entregar todas las responsabilidades y que, si bien su figura sirve como consuelo, somos nosotros los que de una u otra forma debemos generar los cambios personales y entonces sí, ganar la posibilidad de un mejor futuro.

 

He visto las caravanas de peregrinos, desvelados, sufrientes, con los cuerpos molidos por los kilómetros, buscando refugio en el Tepeyac, en una procesión que conmueve, pero que nos obliga a preguntarnos en un choque de la razón, que si este pueblo empleara la vitalidad del milagro de la villa para hacer cosas que cambien nuestro destino, ¿ no acaso estaríamos frente al mayor milagro social? uno que , de la mano de la madre, pudiese contar a las siguientes generaciones que del amor y devoción de un pueblo se reencontraron los caminos para cambiar la condición de pueblo doliente y pobre a uno en donde se dio el nacimiento de una nueva generación de seres humanos con menos cargas de conciencia y más activos en la construcción de su futuro.

 

Esto es, y cuesta reconocerlo, que hemos esperado el regalo del cielo, pero poco, muy poco hacemos por generarlo, y ahí sí, perdóneme, como hijos de esta tierra y de ella, la virgen de Guadalupe, todos hemos fallado.

 

¿no es mejor un destello de razón que un golpe de pecho?

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