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Rebate el historiador Alejandro Tortolero a Andrés Molina Enríquez

por Redacción
  • Las haciendas del pasado fueron un gran negocio porque se modernizaron
  • Norma L. Vázquez Alanís

RedFinancieraMX

En México desde el siglo pasado se tiene la idea de que en el campo hay una especie de inercia, un atraso y un estancamiento tan fuerte que arrastra la economía en su conjunto, lo cual genera un subdesarrollo, pero lo cierto es que la modernización agraria en el país comenzó en el siglo XVIII en las grandes haciendas.

Al hablar del tema en el ciclo de conferencias “Los empresarios en la historia de México. De la colonia al Porfiriato”, organizado por el Centro de Estudios de Historia de México (CEHM), el doctor Alejandro Tortolero Villaseñor dijo lo anterior y expuso un punto de vista propio sobre la situación del campo mexicano en los siglos XVIII y XIX.

Esta imagen de la ineficiencia en el campo y de una agricultura sin cambios se construyó, en opinión del conferencista, a raíz de la publicación en 1909 del libro “Los grandes problemas nacionales” de Andrés Molina Enríquez, intelectual y notario mexiquense, quien planteó que la hacienda era la principal rémora para el desarrollo del campo.

Para Molina Enríquez, el hacendado era más un señor feudal que un agricultor y sus explotaciones eran improductivas, rutinarias y mal administradas; sostenía que la propiedad en México no conocía su forma más desarrollada y la gran culpable de esta situación era la gran propiedad que, como en España, era una especulación de orgullo y vanidad, no de prudencia y seguridad como en Inglaterra, ni mucho menos de utilidad y ganancia como en América septentrional.

Según Tortolero Villaseñor, doctorado en Historia y Civilizaciones por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la Sorbona de París, Molina Enríquez aseguraba que tres de los grandes problemas del campo mexicano eran precisamente la propiedad, la irrigación y el crédito, lo cual suponía un proyecto de modernidad muy distinto al porfirista que era esencialmente cosmopolita y urbano.

Molina Enríquez fundamentó sus tesis en los escritos de los españoles Gaspar Melchor de Jovellanos, quien publicó en Madrid en 1795 su “Ley agraria” en la que proponía una serie de medidas para mejorar el estado de la agricultura española y criticaba el latifundio, la propiedad amortizada y la vinculada por mayorazgos, y de Joaquín Costa, líder del movimiento regeneracionista cuyo “Tratado sobre la propiedad privada” de 1870 planteaba que la economía de un país debía basarse en el tipo de agua, la propiedad y el crédito, además de que atacaba abiertamente a los latifundios.

Y Molina Enríquez sintetizó en la frase ‘la hacienda no es negocio’ el tópico de la ineficiencia de la gran propiedad, con la que se le etiquetó históricamente, avalada por las características de la agricultura en los siglos XVIII y XIX que eran de una gran lentitud relativa y un retardo sensible, aunados a una economía rural en beneficio de la urbana, aunque con grandes diversidades regionales, apuntó el ponente, actualmente investigador y profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Modernización agrícola en Chalco y Morelos

El doctor Tortolero Villaseñor, especialista en temas de historia ecológica, económica y tecnológica de México de los siglos XVIII al XX, se propuso investigar si donde existían mercados importantes se había registrado algún cambio en la agricultura, y encontró que en las regiones de Chalco y Morelos hubo una modernización agrícola significativa a partir de la segunda mitad del siglo XIX, precisamente en las grandes haciendas como la de Zoquiapan, propiedad de la familia Noriega, llegada del norte de España, y La Compañía, ambas en Chalco, y la de Zacatepec, en Morelos.

Frente a la hacienda existía también la agricultura indígena, vinculada a las comunidades nativas y con una agricultura fundamentalmente chinampera en el antiguo lago de Chalco, que sería transformado en una enorme ciénega compuesta de una gran cantidad de chinampas; había camellones perfectamente formados para que el agua, en lugar de ser un lago realmente como un vaso lacustre, fuera una zona de cultivo intensamente utilizada por la agricultura indígena.

Después de la desamortización con las leyes de 1857, los hacendados se adueñaron de las tierras de los pueblos y la familia Noriega se quedó con la mitad del norte de Chalco e inició la modernización agraria, con el establecimiento de la ‘Negociación Agrícola de Xico y anexas’ que en 1897 tenía un capital social de tres millones de pesos. Esto representó una transformación en los sistemas de propiedad -dijo Tortolero sin más detalles-, pero también se dieron elementos de renovación en el sistema de cultivo con la introducción de enormes sembradoras y arados de vertedera para facilitar la labor en el campo.

Otra novedad fue el empleo de los rastrillos, que hacían patente la revolución agrícola porque solo los países como Inglaterra, Holanda y Escandinavia los habían llevado a sus campos. Asimismo estaba la trilladora, que la familia Noriega introdujo en sus propiedades como parte de una nueva y moderna agricultura. La innovación tecnología y la transformación en los sistemas de cultivo provocaron que cada vez más peones fueran sustituidos por las enormes máquinas.

Los Noriega instalaron un taller para reparar sus instrumentos y combinaron la agricultura con la ganadería; ésta proporcionaba el abono necesario para la tierra y sus establos eran tan modernos como los de Inglaterra, sostuvo el historiador. Esa familia ganó concursos dentro de las exposiciones agrícolas y ganaderas.

De manera -agregó- que en ese periodo se dieron cambios no solamente en los sistemas de propiedad y de cultivo, sino en la cultura empresarial como resultado de la dinámica de ver a la agricultura en la lógica mercantil; ésta transformación estuvo muy motivada por la introducción del ferrocarril.

Líneas férreas y agua de riego en Zacatepec

En el caso de Morelos con sus haciendas cañaveras, establecidas en la parte sur de la entidad pues la zona norte era para las comunidades indígenas, también hubo una transformación completa hacia fines del siglo XIX, en el porfiriato, pero en general eran propiedades pequeñas situadas cerca de las vías férreas porque la caña después de cortarse fermenta muy rápido y había que darle salida pronto.

En esas propiedades hubo una enorme innovación tecnológica, especialmente la introducción de nuevos sistemas de riego, que fue muy importante, sobre todo porque las precipitaciones pluviales son de cinco meses al año cuando mucho.

Así lo documentó el agrónomo Felipe Ruiz de Velasco (1857-1925), quien era el administrador de la hacienda de Zacatepec y que se dio cuenta de la necesidad de introducir agua de riego, porque la recolectada de las lluvias era insuficiente.

El ingeniero, científico e historiador morelense Domingo Díez Ruano (1881-1934) acreditó en su obra que todos los ingenios azucareros se transformaron e incorporaron modernos trapiches, tallos al vacío, evaporadoras de efecto múltiple y turbinas centrifugas que transformaron por completo el sistema productivo, lo cual generó una economía que prácticamente convirtió a Morelos en la segunda región en productividad mundial de caña de azúcar detrás de Hawái, pero delante de Puerto Rico.

Para el doctor Tortolero Villaseñor -quien ha sido profesor invitado en las universidades de Harvard, California, Sevilla, Costa Rica, Berlín y París-, con su investigación queda demostrado que la tesis de Molina Enríquez de que en esa época la hacienda no era negocio fue una falacia pues, por el contrario, sí lo era, y grande.

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