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Se comenta sólo con…

por Redacción
  • Casi medio año
  • Por Carlos Ramos Padilla

RedFinancieraMX

Hace unos días caminando por mi vecindario me encontré a un vigilante de una casa particular, hombre de edad, amable, pero con el ojo reventado.

¿Qué le pasó? Le pregunté. “Me asaltaron en la micro que baja de Picacho hacia Copilco” y me mostró la golpiza con heridas en cuello y hombro.

También, hace unos días, conversé con un joven , viene viene, que organiza y acomoda autos fuera de un mercado público. Andaba molesto. ¿Qué te pasó? “Me asaltaron y me robaron mi celular”, contestó.

Ya dentro del mercado, el marchante de verduras me interrogó: “Sabes por qué el aguacate está tan caro? Y sin intervenir, él sólo me respondió: “porque en Michoacan el narco extorsiona a los productores del aguacate. Les cobran dinero hasta por kilo del producto”.

Ayer me comuniqué con un enorme personaje de la comunicación, quería saber sobre su estado de salud y pregunté: ¿Dónde se ha metido? Llevó casi un mes intentando llamar a su casa pero nadie contesta, ¿está usted bien?

“Te explico, me dijo, hemos estado recibiendo llamadas insistentes de un secuestrador que amenaza constantemente a una de mis hijas con plagiarla. Decidimos por semanas no contestar el teléfono y estamos pensando muy seriamente dejar el país”.

Hoy me incomodé viendo un videomensaje en redes de Rafael Loret de Mola presagiando su muerte y acusando a quien considera responsable de amenazas desde el poder.

Imágenes y contenido muy duros y más aún cuando apenas nos enteramos que su hijo Carlos Loret de Mola también es advertido de que está en riesgo su integridad.

Ambos personajes, Rafael y Carlos, trabajan todos los días en el periodismo, con su temperamento, con su contenido, sus convicciones, profesionalismo y valentía.

Que gusten o no es mera calificación social. Rafael ha sido un íntegro comentarista en mis espacios noticiosos y Carlos inició formalmente su trayectoria profesional en los medios muy joven en mi equipo de trabajo en Radio 13, incluso cuando dejé a la radiodifusora lo invitaron a quedarse en mi sitio como conductor del noticiario.

Con ambos, y otros amigos cercanos, nos unen muchas emociones y anécdotas. Hemos pasado momentos difíciles y otros tantos muy amenos.

Pero en un país que nos han hecho creer es nuestro, seguro, democrático y libre, no podemos permitir que la violencia en cualquiera de sus formas sea el quehacer cotidiano del que tengas que salvar la vida. La criminalidad está hiriendo a todas las capas sociales y el gobierno se ha dedicado a despertar rencores, envidias y radicalismos.

En las mismas redes sociales se han atrevido a intervenir anónimos calificando a todo periodista que no aplauda a AMLO como “chayoteros, muertos de hambre, conservadores, lamebotas, fifis” y una cadena de estupideces que llegan hasta el deseo de que se agreda a los profesionales de la comunicación, porque desde el gobierno son los mensajes que se patrocinan y divulgan.

Y la lista de ofendidos y amenazados se multiplica alarmantemente. Pero como he dado cuenta en estas líneas no se necesita un micrófono para ser perseguido. Y mientras, la alta esfera política sin hacer ni decidir, sin resolver pero sí señalando a otros de errores y corrupción.

Que ya acabe todo esto, no quiero ver más en mi celular videos de grupos armados como el “cartel Jalisco”fusilando a tres sujetos porque “Morelia es del cartel Jalisco”. Por cierto, los asesinados eran secuestradores confesos.

Y ya vamos para medio año de un nuevo gobierno que nos prometió, así lo dijo AMLO, que desde el primer día las cosas cambiarían.

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