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  • Cuando un amigo se va
  • Por Carlos Ramos Padilla

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Tarde lamentable en la que me enteré que mi gran amigo Jaime Aguilar Alvarez falleció. Con él guardo muchas aventuras profesionales y muchos secretos, uno de estos cuando en mi oficina, al terminar transmisiones radiofónicas me confíó “tengo cáncer”.
Durante 24 años permaneció a mi lado analizando las informaciones más relevantes y constantemente me decía “mi pasión es la radio, me hubiera gustado comprar una emisora”.
Y su disciplina lo obligó a nunca faltar y menos ser impuntual a la Tertulia en Radio Trece, en ABCRadio y en los estudios de canal 34 de TV.
Lo conocí cuando fue delegado en Iztapalapa a través de su coordinador de comunicación social, otro querido amigo, también ya fallecido Enrique Rubio. De inmediato los tres nos permitimos una franca y abierta amistad. Lo mismo acudíamos a un concierto de Paulina Rubio (hija de Enrique) que a los más profundos debates políticos del momento.
Resulta extremadamente difícil escribir de un amigo cuando acaba de partir y entonces los momentos, los detalles, las confidencias, los arranques, todo se presenta de golpe.
Un día desayunando en un comedero público, Jaime me interrumpió para indicarme “ahí viene mi papá “ y se presentó a la mesa todo un caballero a unirse a nuestra conversación. Su papá que falleció longevo al igual que su mamá. Con Jaime no había escondites, no sólo acudía a las Tertulias, sino que me llamaba toda vez que trataba algún tema que incumbía a sus amigos políticos, siempre en su defensa con una energía inimaginable.
En los últimos años se dedicó a la escultura, al diseño de obras plásticas, eso le llenaba pero nunca a la pasión que sentía por su esposa y por sus hijos.
Me decía “pido a Dios irme antes que mi esposa, no resistiría el dolor”. “Jimmy Neutron” como le decía de cariño me enfrentaba como nadie en el debate radiofónico y siempre salíamos de cabina para continuar en mi oficina. Era incansable. De una solo pieza, congruente, leal a sus principios, un enorme ser humano.
Entiendo, pidió no enfrentar a la enfermedad, con su valor único decidió partir con eso que lucia siempre: dignidad. Donde quiera que esté lo abrazo y le agradezco sus aportaciones, sus risas y enfados, sus preocupaciones y éxitos. Gracias Jimmy, muchas gracias.

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