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Se comenta solo con…

por redfinanciera
  • A quien le importa
  • Por Carlos Ramos Padilla

RedFinancieraMX

Vi y leí sorprendido, en la sección nacional de un periódico que se supone de prestigio, una nota dando cuenta que el expianista y ex alcalde de Tequisquiapan, Querétaro, Raúl Orihuela, se casó con Valeria Jansen Morales, viuda y ex esposa de su hijo quien falleciera en el 2016 en un accidente vial a los 27 años de edad y me pregunté: ¿y a mi qué?, ¿afecta a alguien? ¿Está usando dinero público? ¿Es un delincuente buscado por la Interpol? Hay algo importante que deba saber la nación en este sentido como para que un jefe de información permita la divulgación de un evento así?

Lejos del exhibicionismo y la torpeza profesional, Raúl Orihuela puede hacer lo que se le dé la gana con su vida mientras no atente contra las leyes o sea acusado de algún ilícito o irregularidad.

Calificar la moral de ellos sin asomarnos al espejo puede ser muy peligroso. Que llama la atención, pues si debo reconocerlo. Que resulta difícil de creer, pues también, pero ocurrió. Hay una máxima bíblica que anticipa que el que esté libre de culpa que arroje la primera piedra.

Y aquí estamos hablando de un asunto privado de una pareja en vida privada que puede erosionar reputaciones y estabilidad al tratar de exponerlos a la opinión pública por una decisión de pareja que parece afecto o conmovió al que autorizó su publicación.

Hoy que nos movemos en un mundo en donde se casan parejas del mismo sexo, en donde se permite la mutilación de órganos sexuales para cambiar de género, cuando se legalizan drogas o se ganan recursos para que niños con Síndrome de Down puedan acceder a escuelas convencionales, a alguien le preocupa que un par de personas decidan unir sus vidas.

Michel Orihuela Gómez, falleció; su esposa quedó viuda y hoy hay quien desde la tribuna del puritano promueve la boda como si se tratase de un espectáculo de circo.

Nos guste o no su decisión, es suya y pregunto: ¿hasta dónde nuestra moral nos permite juzgar a otros haciéndonos pasar por periodistas? ¿Hasta dónde el periodismo se debe de prestar para anular prestigios? ¿Hasta dónde se pervierte la profesión por exhibir vidas privadas? ¿Si no hay sospechas ni pruebas de alguna irregularidad que se pretende? Y mire que luego, estos mismos divulgadores de amarillismos se quejan de las mañaneras.

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