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Se comenta solo con…

por redfinanciera
  • Agresiones
  • Por Carlos Ramos Padilla

RedFinancieraMX

Habré de entrarle al tema, nada fácil, si muy polémico y radicalizado.

Trato sobre el comportamiento social en relación al tema de género.

Estamos llegando a los límites pidiendo se concluya la violencia generando violencia, y está no necesariamente es a través de golpes, tortura o asesinatos.

Debo de decirlo de manera contundente, estas son las consecuencias de la ausencia del Estado de Derecho y de la educación pública. Por ello la necesidad, que siempre ha reprobado, de separar a mujeres y hombres en el transporte público. Para unas, dicen, es protección, para otros es atentar contra sus derechos y es una forma directa de ataque. Llegar al extremo de calificar a un piropo, una galantería o un motivo de cariño como acoso es estirar la liga.

La educación se construye en casa, se fortalece en la instrucción pública y se hace respetar aplicando leyes. Si vemos que un personaje como Paco Taibo, cobijado por el mismísimo gobierno nos anticipa que “nos la metieron y doblada” qué podemos esperar de ciudadanos que sin la preparación de Taibo cargan con sus propias percepciones de las acciones de gobierno que nos imponen.

He visto ya en cansadas ocasiones este que le llaman himno feminista, originario de Sudamérica y que ahora replican en varias partes del país.

Con el debido respeto me parece de una brutal agresión hacia los demás. Señalarnos a todos y acusarnos de violadores no nos conduce a buenos términos. Muchas de estas hoy indignadas mujeres dañaron y destruyeron monumentos nacionales sin recibir castigo, y por ello no salimos los demás a señalar a todas las mujeres apuntándoles con el dedo para acusarlas de “la delincuente eres tú”.

Y es que ahí la autoridad permisiva y miope permitió se violentara a la ciudad bajo el ruin argumento de “criminalizar” a las manifestaciones.

¿Otro ejemplo? Sabemos de la existencia de pederastas dentro de los templos católicos y no por ello nos sumamos en una plaza pública para señalar a todo cura y gritarle “el psicópata eres tú”.

El griterío masivo no despierta más que pasiones encontradas y eleva el rencor en acusaciones. Miles y miles de personas vivimos en convivencia, respetando al prójimo sin revisar antecedentes, género, nivel social.

Saludamos con los buenos días a todo empleado o servidor público. Me resisto a aceptar que por un acto tan denigrante y criminal como el feminicidio hoy todas señalen a los demás acusándolos de violadores.

Eso es violencia, sin grafitis ni cinceles. Tal vez y sin querer ese dedo flamígero esté apuntando a sus propios padres, o a sus profesores, o a sus hermanos, o a sus parejas. ¿Y en todo caso, porque las denunciantes ocultan sus caras con tapabocas o pasamontañas? En este país de acuerdo a las leyes todos valemos lo mismo y seremos valorados y respetados por nuestros actos.

Pero si estamos en un país donde el máximo gobernante pide que las abuelas acaben con el crimen, donde se permite que un aliado de ese gobernante sea apologista del narcotráfico en sus series de televisión y difunda una imagen denigrante y ofensiva de las mujeres, si permitimos que las reformas urgentes a la educación por venganza política no pasen “ni por una coma” sin ofrecer alternativas, esteremos sujetos a despreciarnos los unos a los otros.

Y por cierto, esas damas que públicamente exigen respeto deberían cuidar sus expresiones porque a leperadas y majaderías se hacen entender, y si no salga a la vía pública y pídale a una de ellas que no se estacione en lugares prohibidos. ¿Se anima a probar ese reto?

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