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Se comenta sólo con…

por Redacción
  • El otro México
  • Por Carlos Ramos Padilla

RedFinancieraMX

Ayer se llevaron a a efecto dos eventos de enorme atracción. Uno, la Ceremonia de Investidura del Salón de la Fama 2018 en Pachuca, Hidalgo. Dos, uno de los muchos conciertos de Luis Miguel en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. En ambos una asistencia importante, una convocatoria extrema de parte de Antonio Moreno invitando a lo más selecto del fútbol mundial, y una saturación del inmueble de espectáculos con localidades totalmente agotadas para el cantante. Es ese México que está con los triunfadores, que aplaude a los mejores. Cafù, Billardo, Rivelino, Baggio, Bustos, Zelada, Neid, Mejía Barón, Eugenia Rubio, Arlindo, Schiaffino, el gran Aarón “el gansito” Padilla y el mismo Luis Miguel que se convierten en figuras líderes hasta alcanzar el nivel de leyendas. Y en tanto se desarrollaban estos eventos por la noche, sabíamos que afuera, en las calles, miles y miles y miles de mexicanos hacían su tarea en el transporte público, en la seguridad nacional, en la salud pública, en el gobierno, en la iniciativa privada, en casa, en las escuelas, todos integrados en el propósito también de ofrecer calidad y calidez. Ese Mexico que nos urge, el que vive sin miedo, sin violencia, en armonía. Pero duele saber qué hay otra versión del país, lamentable, la que han creado la mayoría de los políticos, con sus avaricias, enfermizo poder, corrupción, mentiras, abusos, consultas amañadas. Esos que están sangrando al país y que por sus puntadas se devalúa la moneda, generan discursos de odio, estimulan la confrontación y diseñan planes sólo para su enriquecimiento personal recargándose en héroes nacionales, que ellos sí, nos dieron patria. Hiere entender que la gran mayoría de la población depende de las tonterías de estos gobernantes, de sus ocurrencias, de su unipersonal y absurda forma de mandar. Y notamos que cada vez más las diferencias entre los dos Mexicos es notoria. Pero a final de cuentas, quienes fuimos testigos de los dos eventos nos preguntamos, y cuàntos de aquí otorgaron su voto y confianza a esos, los que nos dicen “pueblo sabio” pero nos tratan como retrasados mentales.

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