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  • Así murió Moisés Solana, según relato de su padre
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

RedFinancieraMX

 

(Segunda y última parte)

         Luego de describir someramente en la entrega anterior la trayectoria deportiva del piloto y pelotari Moisés Solana Arciniega, llegamos al fatídico 27 de julio de 1969. Hace 50 años. Según lo que escribimos para la revista Automundo en 1973 con base en varias entrevistas con su padre José Antonio, 42 pilotos tomaron parte en el primer “Hill Climb” (subida a una colina) Valle de Bravo-Bosencheve, en el Estado de México, sobre una distancia de 30 kilómetros en la carretera de la Comisión Federal de Electricidad.

         El día anterior Solana había recorrido ocho veces la ruta para familiarizarse y el domingo en la mañana lo hizo una vez más, detrás de Ricardo Rodríguez Cavazos, quien ante los ojos de la afición era el enemigo a vencer.

         Cuando ambos regresaron al punto de partida, Moisés le dijo a su padre: “Es más fácil que me ganes tú; este muchacho viene pajareando por toda la carretera y se viene amarrando por todos lados”.

         Entonces habló con los organizadores para que le permitieran salir delante de Ricardo y evitar así un rozón o un choque, pues su McLaren era más veloz. Como era una prueba contra reloj en donde el orden de arrancada no afectaba, se lo concedieron. Y para seguir la prueba, su hermano Hernando (‘Nanán’) se quedó en la salida, su padre José Antonio se fue a la meta y unos amigos se colocaron a medio recorrido, todos con sus cronómetros sincronizados para verificar el tiempo de Moisés.

         El piloto comenzó bien su prueba y llegó a acelerar su máquina hasta los 180 Kph, pero al salir de una curva a la altura del lugar llamado Cabecera de Indígenas, municipio Donato Guerra (km 12.9), se estrelló contra una guarnición. Kilómetros atrás, Rodríguez Cavazos ya había abandonado la contienda.

         El automóvil de Solana se levantó por su parte trasera, cayó sobre el piloto y estalló en llamas. No había bomberos, ni ambulancias, ni tropa, ni vigilancia de ninguna especie. Los vecinos del lugar y otros competidores que se detuvieron, trataron de contener el fuego con tierra, pero nada lograron. Eran las 12:30 horas.

         El piloto José Bárcenas llegó a la meta, bajó de su Stangelini y gritó: “¡Extinguidores… extinguidores… Moisés está muerto!”. Pero los extinguidores llegaron cuando ya nada se podía hacer. José Antonio Solana, quien sufrió un desmayo y después una crisis depresiva, se trasladó al lugar de la tragedia, incrédulo aún, y escuchó diversas versiones de lo que había sucedido.

         Luego de que se levantó el acta correspondiente, los restos de Moisés fueron llevados a Valle de Bravo donde se le dispensó la autopsia, y después a la Agencia Gayosso en la Ciudad de México.

         De ahí partió al día siguiente un cortejo de unas tres mil personas hasta la cripta familiar en el Panteón Español, donde Javier Solana, tío de Moisés, pronunció una oración fúnebre. Aparte de la familia, asistieron espontáneos, aficionados al automovilismo, amigos de Moisés en las pistas y en el frontón, sus patrocinadores, el secretario de Obras Públicas Gilberto Valenzuela, y el ingeniero Gustavo Díaz Ordaz Borja, hijo del entonces presidente de la República. A las 17:00 horas de aquel lunes 28, todo había terminado.

         Cuando platicamos con Solana padre sobre esa dolorosa fecha, consideró “muy raro” el accidente pues, según él, nadie lo había visto. Tal vez se turbó, pues ya mencionamos que sí había hablado con algunos lugareños. Además, según versiones que recogimos en otras fuentes sí hubo quienes vieron el choque y sucedió cuando, al salir de la curva, el McLaren se encontró con un desnivel en el pavimento.

         Pero la duda siguió pues Moisés conocía bien su automóvil y estaba en perfectas condiciones mecánicas, y el camino lo había recorrido a satisfacción antes de la competencia. Aparte de que papá Solana dijo no haber visto ponchaduras en las llantas.

         Tampoco se encontraron en el pavimento marcas de alguna enfrenada, ni raspones, rayaduras o cualquiera otra indicación o rastro que permitiera formular alguna hipótesis. “Yo tengo la sensación de que Moisés hubiera soltado el volante repentinamente”, nos dijo don José Antonio. Eran -reflexionamos ahora- los años en que morían en las pistas muchos corredores y en el caso de México ya había ocurrido con Ricardo Rodríguez y al poco tiempo pasaría lo mismo con su hermano Pedro.

         Días después de la tragedia, una voz anónima le dijo por teléfono a José Antonio Solana que una camioneta le había salido a Moisés en sentido contrario. No habló más y colgó la bocina. Hubo investigaciones al respecto sin que nada pudiera comprobarse.

         Otra vez, llamó alguien más para decir que al piloto le habían dado un tiro en la cara. Luego, una tercera voz se limitó a advertir que “el asesino anda suelto”.

         ¿Bromistas perversos? ¿Testigos que ocultaron su identidad para protegerse? ¿Aprehensiones de nuestro informante? Porque también nos dijo -cuando lo entrevistamos tres años después- que el busto de Moisés colocado en el lugar, tenía desde hacía tiempo una bala incrustada en el pecho.

         Cuando escribimos este relato en 1973, entre los homenajes póstumos al gran corredor estaban el Primer Premio ‘Moisés Solana’ en León, Guanajuato; la imposición de su nombre a los autódromos de Zacatecas y Querétaro (y al de Pachuca desde 1988) y el Gran Torneo Relámpago ‘Moisés Solana’ en el Frontón México.

         El autódromo de la Ciudad de México recibió por decreto presidencial de 1963 oficializado en 1970 el nombre de ‘Ricardo Rodríguez’, por haber encontrado este piloto la muerte en la curva peraltada (1962). Tras el deceso de Pedro, su hermano, en 1973 se le cambió el nombre a ‘Hermanos Rodríguez’. Sin embargo, en nuestras charlas José Antonio Solana opinó que debería llamarse simplemente Autódromo de la Magdalena Mixhuca, ya que no existía una pista importante en todo el mundo con el nombre de un corredor que hubiera muerto en ella.

“Pero si hay que ponerle algún nombre -dijo el viejo zorro del automovilismo- tendría que ser el de Moisés”. No fue así: en la actualidad sólo existe allí la “Curva Moisés Solana” al final de la recta principal.

         Postdata: ‘Nanán’ Solana murió el 20 de marzo de 2010 en un accidente de carretera en Chihuahua y esa misma noche nos lo comunicó, muy dolido, su amigo Carlos Jalife Villalón, secretario general de la Scudería Hermanos Rodríguez, de la cual era miembro distinguido el hermano menor de Moisés.

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