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  • Mexicanos pedirán hacer pruebas de ADN a Maximiliano
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

RedFinancieraMX

Funcionarios públicos, un militar, algunos ex legisladores, periodistas, escritores, un dirigente de la masonería, historiadores y otras personalidades, se reunirán el 23 de octubre con el embajador de Austria en México, Franz Josef Kuglitsch, para -dice un boletín de prensa- “evaluar la probable inhumación (sic, por exhumación) de los restos del archiduque Maximiliano de Habsburgo”.

En este encuentro que tendrá lugar en la librería Porrúa situada dentro del Bosque de Chapultepec y estará abierto al público, hablarán sobre algo que parecía ya aclarado en sentido negativo: “determinar si es cierta la teoría de que (el príncipe austriaco) no fue fusilado (en el Cerro de las Campanas) y se le permitió escapar a El Salvador para vivir con la identidad de Justo Armas como resultado de un supuesto entendimiento masónico entre Maximiliano y el presidente Benito Juárez”.

Sin embargo, según el investigador Wenceslao Vargas Márquez no hay pruebas firmes de que el príncipe europeo haya sido masón (https://wenceslaoxalapa.blogspot.com/2014/08/maximiliano-de-habsbrugo-mason.html); el Benemérito, sí lo fue.

Ante la insólita presencia también, de “dos presuntos descendientes de la emperatriz Carlota” que “ofrecerán un mensaje al pueblo de México”, y “un miembro de la Casa Habsburgo”, los interlocutores del diplomático austriaco propondrán alcanzar “un punto de acuerdo para comparar los genes en la tumba maximiliana en Viena con muestras de ADN de la familia Habsburgo, y desentrañar por fin un misterio del pasado de México y del mundo”.

Según el boletín, “existe la versión reciente” de que el monarca del Segundo Imperio Mexicano, lejos de haber sido fusilado “recibió un salvoconducto para viajar a El Salvador, gobernado también por un presidente masón (Francisco Dueñas)… y allí murió a la edad de 104 años bajo el nombre de Justo Armas”.

Tal versión, empero, no es tan reciente. No es fácil desde México rastrear en fuentes originales quién fue realmente Justo Armas en El Salvador, pero la Wikipedia que soluciona toda duda a quienes con eso les basta, contiene información acerca de él y en uno de sus párrafos afirma que, además de algunas revelaciones, “se dice (no aclara quién lo dice) que ha habido pruebas científicas para tratar de llegar a la conclusión (de que ambos) eran la misma persona, entre ellas exámenes cráneo-faciales, pruebas grafotécnicas y estudio de objetos personales. Y, principalmente, la prueba definitiva por medio del ADN”, que tampoco aclara cuándo se habría realizado y es en cambio la que ahora se pretende hacer.

La reunión en Porrúa está convocada para presentar la novela Secreto Maximiliano, de Leopoldo Mendívil López, que narra las aventuras de personajes de entonces y de ahora con una mezcla de ficción y datos históricos sin que el lector tenga la oportunidad de discernir con claridad cuáles son unos y otros, y si los segundos son verídicos o parte de la fantasía del autor.

No es, así, un libro de Historia dura y pura, sino de imaginaciones donde no faltan los complots y las chicas en minifalda, que llevan desde los supuestos diálogos entre Maximiliano ya preso en Querétaro y el fiscal juarista Manuel Azpiroz, hasta la llegada a México en 2019 del aspirante a los tronos del Primero y Segundo Imperios, el de Agustín de Iturbide y el del Habsburgo, quien sí tendría en la vida real muchos partidarios aquí, como ya hemos comentado en artículos antiguos.

La novela reproduce cartas y documentos que por su tratamiento ya no sabemos si son verídicos o no, entre ellos la correspondencia de Carlota donde menciona que se convertirá en un hombre.

Y asegura que la llegada de Maximiliano a México en el siglo XIX fue producto de una lucha extranjera entre Europa y Estados Unidos, ya que las naciones del llamado viejo mundo -Francia en especial- querían impedir que nuestro vecino del norte se convirtiera en una potencia. Y quien vino como emperador, habría sido usado como instrumento de una conspiración.

Sostiene que no fue simple coincidencia la simultaneidad de la Guerra de Secesión de Estados Unidos con la invasión francesa a México y el Segundo Imperio, y menciona el financiamiento secreto que los combatientes del norte estadunidense daban al gobierno de Benito Juárez, mientras que los europeos apostaban al triunfo de los esclavistas del sur para que esa nación quedara divida en dos.

Quienes gustan de las novelas con ese perfil, disfrutarán de Secreto Maximiliano, pero los interesados únicamente en lo histórico deberán recurrir a otras fuentes.

Por eso despierta interés la lista de asistentes que menciona el boletín de prensa a la presentación del libro (¿o será ficción también?): el subsecretario de Turismo Humberto Hernández Haddad; la delegada del Gobierno Federal para la Ciudad de México, Cristina Cruz; el periodista Miguel Ángel López Farías y el ex subsecretario de la Defensa Nacional, General Tomás Ángeles Dauahare.

También, los exlegisladores Manuel Jiménez Guzmán (PRI) -presidente de Avanzada Liberal Democrática que pretende convertirse en partido político masón-, César Daniel González Madruga (PAN) y Leonardo Álvarez (PVEM); el presidente de la Fundación Caballero Águila, Alejandro Cruz Sánchez; el asesor parlamentario Francisco Moreno; los historiadores Luis Reed Torres y Wenceslao Vargas Márquez; el autor de la novela y el embajador de Austria en México.

Post data: saludamos a través de estas líneas al amigo historiador y colega periodista Luis Reed, de quien nos aprestamos a leer sin prejuicios su libro más reciente y muy documentado en fuentes originales -tal cual es su estilo- acerca de Agustín de Iturbide, sabedores de su empeño por dar a conocer en toda su obra la ‘visión de los vencidos’ por la historia oficial. También, sin conocerlo, al escritor Leopoldo Mendívil, de cuyo padre del mismo nombre fuimos compañeros en El Heraldo de México.

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