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  • Alejandro, el tercero de los hermanos Rodríguez
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

RedFinancieraMX

Para mi nieta Diana Laura en su vigésimo aniversario (30-X)

y mi sobrina Adriana en el vigésimo primero (31-X)

Estamos ansiosos por ver este fin de semana el Gran Premio de México, y felices de que tendremos cuando menos tres años más esa prueba del campeonato mundial de automovilismo de Fórmula Uno. La revista especializada Fast Mag de septiembre pasado, ofrece amplia información -datos y opiniones- sobre por qué la sede mexicana es importante para los promotores y actores de este espectáculo deportivo.

Un dato que conocen hasta los no aficionados, es que la carrera tendrá lugar en el autódromo de la Magdalena Mixhuca en la Ciudad de México, llamado “Hermanos Rodríguez” en homenaje a Pedro y Ricardo Rodríguez de la Vega, grandes pilotos que perdieron la vida en las pistas.

Lo que tal vez no tengan presente, es que fueron tres los hermanos Rodríguez que participaron en carreras desde bicicletas hasta coches, y que además tuvieron una hermana, Conchita, primogénita radicada en Acapulco; otro hermano, Federico, que nació y murió en 1944 (tendríamos la misma edad) y un medio hermano de nombre Sergio Rodríguez.

El tercer hermano piloto, fallecido hace diez años, se llamó Alejandro y, si bien incursionó en el automovilismo hace unos ocho o nueve lustros, ya no tuvo de parte de su padre, Pedro Natalio Rodríguez Quijada, el mismo apoyo financiero que los mayores.

Pedro (1940-1971) y Ricardo (1942-1962) crearon en 1960 el equipo Scudería Rodríguez, mientras que Alejando fue en 1997 fundador de la asociación civil Scudería Hermanos Rodríguez, (SHRAC) junto con el historiador del automovilismo mexicano Carlos Eduardo Jalife Villalón e Ignacio Segura Niño.

Alejandro Rodríguez de la Vega (1955-2009) fue el primer presidente de la SHRAC –“la única sociedad de honor del automovilismo mexicano”, dice en http://www.sportcar.com/scuderia, y repitió en el cargo otras dos veces. Esta fuente indica, además, que “corrió brevemente en los años setenta tras la muerte de Pedro, pero sin resultados destacados, excepto un sitio entre los primeros cinco en los 500 Kilómetros de Monterrey en 1974” donde, según el propio piloto, fue quinto absoluto y primero de su categoría.

Después -agrega el sitio de Sportcar- trabajó “en la industria automotriz como ejecutivo de ventas virtualmente desde su retiro de las pistas, aunque también promovió los arrancones en ciudades del Bajío en la década de los 70”.

Durante nuestro breve paso por la revista Automundo (1971-1976) y el periódico Automóvil (1976-1977) tuvimos la oportunidad de entrevistarlo y, por algún motivo que ahora no nos explicamos, aquella charla quedó inédita, sólo en apuntes manuscritos, hoy rescatados para estos Textos en libertad junto con algunas de las fotografías que nos facilitó entonces.

Nos platicó en esa ocasión que de chico no podía hablar y comenzó a hacerlo a los seis o siete años, edad a la que fue campeón de “go karts” en la pista de Cuatro Caminos (entre el entonces Distrito Federal y el Estado de México); que también tuvo dos victorias en ciclismo, pero en el automovilismo fue inconstante por la falta apoyo.

Sin embargo, quien nos dijo haber estudiado para técnico automotriz, logró tomar parte en “cuatro o cinco carreras” de la Fórmula 3 que pagó de su bolsa. En esa categoría se sintió “muy seguro” por “la docilidad” de los bólidos que, además, “aceptaban errores” de manejo. Sólo que los óvalos no le acomodaron pues, “al hacer presión sobre un solo lado” (la fuerza G horizontal), le resultaban “muy cansados”.

Cuando lo entrevistamos, corría en el Porsche 914-6 de Ricardo Serrano, con quien a veces hacía pareja.

Relató que había trabajado en Shelby de México, en una tienda de accesorios y que era analista en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Mencionó, sin querer meterse en los detalles, que hubo “problemas familiares desde la muerte de Pedro” su hermano, y presumió de su “suerte con las chicas, en especial este año”, el cual no tenemos registrado en nuestros apuntes.

Alejandro Rodríguez, hermano de quienes tienen esculpidos sus bustos, poco visibles, frente a la tribuna principal del autódromo que lleva el nombre de ellos, nos dijo varias veces durante la plática que su propósito era valerse por sí mismo y no por “la sombra” que traía en el apellido. En lo deportivo deseaba destacar por méritos propios y, para vivir, pensaba independizarse con su propia tienda de accesorios. No quería “depender de los demás”.

Su plan era correr un par de años más en el país y luego irse al extranjero. O vivir en provincia porque no le gustaba la Ciudad de México donde, no obstante, frecuentaba el cine, las fiestas y los amigos, pues era sociable. Y tenía otros pasatiempos como bádminton, esquí, pesas y juegos de mesa.

Según comentó también, la gente pensaba que se ponía nervioso cuando corría en la pista (la de la Mixhuca) donde se había matado su hermano Ricardo, pero no: “en ese momento sólo pienso y me concentro en el coche. La vida de uno está en manos de los mecánicos y en el coche. Pueden dejar una tuerca floja o desconectar los frenos, o cualquier cosa. El mecánico es básicamente la vida de uno”.

Además, “cuando uno sale a la pista, piensa: puedo llegar o no puedo llegar. Es un albur, uno no sabe lo que le puede pasar al carro”.

Recordó la emoción que sintió el día que Pedro le pagó el boleto a Watkins Glen, Nueva York (lugar de muchos recuerdos para el tecleador), donde se corrió el Gran Premio de Estados Unidos en 1970.

Allí fue testigo de cómo, cuando su hermano iba en punta muy cerca del final, se le acabó la gasolina, “entró a los pits con la pura velocidad” para repostar y perdió la carrera y los 50 mil dólares del premio principal. Quedó segundo. Según contó Alejandro, Pedro “dijo que (al perder) había pagado el galón más caro de gasolina”, como también lo menciona Carlos Jalife en su libro Los hermanos Rodríguez (primera edición, 2006).

En esta obra, monumental por su denso y meticuloso contenido de texto y fotos, así como por su peso y su tamaño, el autor cita reiteradamente a Alejandro como acompañante y admirador de Pedro, lo cual ilustra con diversas imágenes.

En la entrevista que le hicimos, tal vez en 1975, Alejandro Rodríguez de la Vega, el tercer piloto de la familia con entonces 20 años de edad y quien tuvo tres matrimonios, expresó que, al morir su hermano Pedro, la casa Porsche le había ofrecido que se especializara en mecánica y luego le daría la oportunidad de correr. “No me he decidido, pero tengo las puertas abiertas” nos dijo, como también que tenía contactos en Suiza que lo invitaban a correr en la Fórmula Ford, pero esperaría a tener más experiencia. Nada de eso ocurrió.

Víctima de una insuficiencia cardiaca, Alejandro murió de casi 54

años en un hospital capitalino cerca de la media noche del 8 de junio de 2009 y, como su hermana Conchita y su demás familia (tuvo tres hijas) no vivían en la capital mexicana y llegaron hasta la noche siguiente, quienes se encargaron desde conseguir un sacerdote para los últimos auxilios espirituales, hasta hacer los diversos trámites y recibir a los dolientes en el velatorio, fueron el presidente en turno de la SHRAC, Manuel ‘Chacho’ Medina Ortiz, y los otros dos fundadores de Scudería, Nacho Segura y Carlos Jalife (Cajal), como lo relata este último con minuciosidad casi cronométrica en el sitio de Sport Car en Internet.

El hermano menor fue inhumado el día 10 en la tumba familiar del Panteón Español.

(El autor es miembro de número -SHR186- de la Scudería Hermanos Rodríguez)

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Don Pedro Rodríguez ya no pudo apoyar financieramente a su hijo Alejandro para que fuera un piloto destacado como sus hermanos Pedro y Ricardo, pero tampoco lo abandonó en las pistas.

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