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  • El Grito no se cancelará, pero en 1833 se aplazó por una epidemia
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

RedFinancieraMX

Con dos meses y medio de anticipación, el presidente de la Republica Andrés Manuel López Obrador anunció que, a pesar de la pandemia, de una u otra forma tendrá lugar la ceremonia del Grito de la Independencia.

El próximo 16 de septiembre se cumplirán 210 años de que el párroco de Dolores, Guanajuato, Miguel Hidalgo y Costilla, convocó al pueblo para levantarse en armas contra el “mal gobierno” y los “gachupines”.

Y se cumplirá una década de que el entonces presidente Felipe Calderón dispuso conmemorar el bicentenario de ese hecho histórico con la construcción de la polémica Estela de Luz sobre el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México.

“¿Cómo vamos a suspender el Grito?, ¿cómo vamos a olvidar la Historia?”, preguntó el mandatario actual acerca de una ceremonia que hasta Maximiliano de Habsburgo celebró durante el Segundo Imperio y para ello viajó en una ocasión a la casa de Hidalgo en Dolores, actualmente museo. Y que desde el Porfirismo se celebra en la noche del 15.

Empero, ya ocurrió en el pasado que, por una epidemia de cólera, se haya diferido la conmemoración al 4 de octubre de 1833, según la obra Milenios de México (Humberto Musacchio, Hoja Casa Editorial, 1999). En un artículo académico para la revista Estudios Demográficos y Urbanos de enero-abril 1992, editada por El Colegio de México, María del Pilar Velasco menciona que en esa ocasión el cólera morbus acabó con aproximadamente el cinco por ciento de la población total de la Ciudad de México (además de las defunciones en otros lugares del país), y que las medidas sanitarias tomadas “trajeron consigo cambios importantes en la organización social, económica y urbana”, y desde entonces “se hizo aún más evidente la diferenciación social ante la muerte”.

Iniciada en Tampico, esa epidemia llegó en agosto desde Veracruz a la capital del país y le tocó a Valentín Gómez Farías, en una de las varias ocasiones que sustituyó en la Presidencia a Antonio López de Santa Anna, diferir casi tres semanas la ceremonia del Grito, o cancelarla según otras fuentes en las que no hay mayores datos.

También de acuerdo con Musacchio (porque la Enciclopedia de México tiene poca información sobre el tema), en 1847 no hubo ceremonia debido a la ocupación de los invasores estadunidenses, que fueron hostilizados por el pueblo el 16 de septiembre de ese año. Por cierto, en ese mes patrio una epidemia de fiebre tifoidea acabó con la vida del general Ignacio Zaragoza, quien estuvo al frente de las fuerzas mexicanas en Puebla en la batalla del 5 de mayo, ganada antes de que los extranjeros ocuparan la capital.

En 1916 -dice Milenios de México– un resfriado impidió a Venustiano Carraza salir al balcón del Palacio Nacional a dar el Grito, y en 1968 el presidente Gustavo Díaz Ordaz recibió una fuerte rechifla.

Más allá de lo que documenten y sostengan la historia oficial por un lado y el revisionismo histórico por el otro acerca de este y otros episodios y sus protagonistas, es importante que se celebre el Grito de Independencia por sus efectos en el ánimo patriótico ciudadano, pero también que, como dijo el presidente López Obrador, se combata la desmemoria y se intensifique en los programas escolares la enseñanza de materias tal vitales como el civismo, la filosofía y la historia de México.

Habrá Grito entonces el próximo 15 de septiembre desde el Palacio Nacional, y la novedad consistirá tal vez en saber cuántos “vivas” y a quiénes incluirá el gobernante, y si se verá solamente por televisión y redes, porque sería una enorme imprudencia dada la pandemia o el rebote para entonces, convocar al pueblo a la Plaza de la Constitución.

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