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  • Estela de luz, el Grito de los libres y Guillén de Lampart
  • Por José Antonio Aspiros Villagómez

RedFinancieraMX

Hace una década, el gobierno federal quiso conmemorar los dos siglos del inicio de la guerra de Independencia con un Arco del Bicentenario sobre el Paseo de la Reforma, la principal avenida de la Ciudad de México, pero la obra derivó en una Estela de luz, se retrasó más de un año, fue alterado el proyecto original, el costo se elevó en exceso, se registró una amplia polémica y hubo señalamientos de corrupción, demandas y sanciones.

La obra debió ser inaugurada el 15 de septiembre de 2010 y, con la presencia de grupos que protestaron, se retrasó hasta el 7 de enero de 2012 por una serie de fallas y ajustes en su construcción, lo cual provocó un escándalo de todos contra todos, incluidos el ganador del proyecto (o apenas anteproyecto, acusaron otros) elegido en un concurso, la empresa constructora, el secretario de Educación, el Colegio de Ingenieros Civiles y otros actores.

Todavía en agosto pasado, la Sala Superior del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA) ratificó que dos responsables de ese trabajo deberán responder por un daño de casi 450 millones de pesos, que son un poco menos de la mitad del costo total incluido el IVA.

Pese a sus 104 metros de altura, la Estela de luz quedó opacada por los inmensos edificios contiguos que han pervertido el sentido cívico e histórico del Paseo de la Reforma, dentro del cual recientemente se inició también la formación del Paseo de las Heroínas con la primera estatua de las varias que habrá, la de Leona Vicario.

Debido a ajustes y presunta corrupción denunciada por el ganador a la Cámara de Diputados, el proyecto se encareció de 200 a más de mil millones de pesos y ni siquiera se construyó conforme a lo planeado, ya que le faltaron la amplia plaza cívica con fuentes y jardines, y el espacio de divulgación histórica con paredes de obsidiana, que fue sustituido por un centro cultural digital.

Y la Estela de luz resultante, carece de lo más importante: la aceptación popular a un monumento que no comunica su propósito histórico, aunque según la pretensión presidencial en ese tiempo, debió ser tan majestuoso, emblemático y admirado como la Columna de la Independencia, el Hemiciclo a Benito Juárez o el Monumento a la Revolución. A cambio, la gente bautizó la construcción con apodos como el de “Suavicrema”, por su parecido con la galleta de ese nombre.

Tal vez con un sentido de modernidad, el jurado que eligió el proyecto ganador no tomó en cuenta la carencia de estatuas en el mismo ni el hecho de que los anteriores monumentos históricos tienen mármol o piedra, y la Estela no, sino cuarzos y acero. Quizás el plan original de un Arco tampoco lo consideró adecuado, cuando pudo haber sido más conveniente para asociar la nueva obra con la importante efeméride a conmemorar: los dos siglos del inicio -no el final, importante también y que merecería un arco del triunfo- de la guerra insurgente.

LOS DE ABAJO

La fecha en que debió ser inaugurada la Estela de luz, hubo por la noche dos Gritos: el oficial desde Palacio Nacional a cargo del entonces presidente Felipe Calderón, y el Grito de los libres dado por el hoy mandatario Andrés Manuel López Obrador en la Plaza de las Tres Culturas de la unidad habitacional Tlatelolco.

“Arriba los de abajo”, gritó entonces, y sus “vivas” fueron tanto para los próceres de 1810, como para los héroes anónimos, los indígenas, los campesinos, los obreros, los migrantes, los artistas, los maestros, los profesionistas, los sectores productivos, los jóvenes, las mujeres, la cultura y los dirigentes sociales y políticos asesinados o desaparecidos por defender las causas populares, según nos lo recuerda la amplia crónica de Jaime Avilés para La Jornada, que vale la pena releer para que cada uno saque diez años después las conclusiones que guste.

Al margen de todo lo anterior, hay que recordar que, antes de la gesta iniciada por Miguel Hidalgo y consumada once años después, hubo otros intentos independentistas como el de los hijos de Hernán Cortés y otros conjurados en 1566, el del irlandés Guillén de Lampart en 1642 y el que encabezó en 1808 Francisco Primo de Verdad y fue conmemorado en 2008 por el Gobierno del Distrito Federal.

En el interior de la Columna de la Independencia, donde hace una década fueron exhumados, estudiados y reinhumados tras exhibirlos, los supuestos restos de los próceres que descansan en ese lugar, se encuentra una estatua de Guillén de Lampart (1615-1639). Sus restos no están, porque al parecer se asfixió voluntariamente cuando estaba preso y había sido condenado a ser quemado vivo, y la Inquisición ordenó incinerar su cuerpo para que se cumpliera la sentencia.

Como seguramente este personaje no se cita en los textos escolares, con cuyo conocimiento muchos se conforman, es necesario rastrearlo en las fuentes históricas. Hace unos días nos lo recordó el académico irlandés Stephen Murray, de la Academia Nacional de Historia y Geografía, quien difunde y fomenta en México la cultura y la historia de su país y los vínculos con el nuestro, como es por ejemplo el caso del Heroico Batallón de San Patricio que los días 7 a 13 de este mes recibió homenajes cívicos y religiosos en el aniversario de su sacrificio.

Bástenos en este breve espacio la referencia que hace de Guillén de Lampart la Enciclopedia de México (José Rogelio Álvarez, director, volumen VII, segunda edición, 1977) con base en una investigación del historiador Luis González Obregón, para señalar que fue un irlandés culto que llegó a Nueva España, donde “llevó una vida aventurera y anecdótica” y a la vez “preparó un plan para deponer al virrey, apoderarse del poder (sic) e independizar la colonia”, por lo cual fue detenido y sentenciado, además por otros cargos que le inventaron. Usted puede conocer más acerca de este personaje en libros especializados, o en una fuente tan accesible como la muy documentada revista Relatos e Historias en México número 65, donde se ofrece la versión del autor del tema.

Finalmente, un exhorto del tecleador para que la pandemia no afecte nuestro fervor patrio -que deberíamos manifestar todo el año y no solamente en septiembre- y acompañemos a nuestras autoridades en el lugar de residencia de cada uno, en el Grito que esta vez será virtual por lo menos desde el Palacio Nacional. ¡Viva México!

PS: El Archivo (fotográfico) ‘Tomás Montero Torres’ reanudó sus trabajos de rescate y difusión, y nos invita a conocer un ensayo del doctor en Historia Carlos Silva en: http://archivotomasmontero.org/site/2020/09/13/juanita-aparicio-matadora-de-toros-bajos-la-lente-de-tomas-montero-torres/.

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