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Un recorrido de leyendas mexicanas

por redfinanciera
  • Aquí encontrarás algunas de las historias únicas cargadas de misterio

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Las leyendas son parte fundamental de la cultura mexicana, algunas de ellas cuentan con un gran arraigo en el lugar donde se desarrollan. San Luis Potosí, Zacatecas, Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato y Jalisco (destinos que conforman la alianza Pacto Centro Occidente por el Turismo) poseen historias únicas cargadas de misterio para dejar a cualquiera intrigado y con ganas de visitar los sitios donde ocurrieron. Aquí te compartimos algunas:

 

El Charro Negro

Un día mientras Juan José cabalgaba por las puertas del Panteón de la Cruz, se topó con una hermosa dama de quien quedó enamorado al instante, el nombre de la dama era Rosa María Posada Velez, hija de un rico hacendado.

El joven quedó hipnotizado por su belleza, por lo que al día siguiente regresó a la misma hora al mismo sitio para ver si ella volvía a pasar y así fue, esa noche Juan José se acercó, le dio una rosa y le declaró su amor, ella le correspondió y así cada noche a las 8 en punto se veían en el mismo lugar. Al cabo de un tiempo de sus citas a escondidas, él le propuso matrimonio, ella afligida se negó pues argumentó que su padre no lo permitiría por la diferencia de clases sociales.

No obstante, la pareja se amaba tanto, que hicieron un plan para escapar juntos y casarse; Juan estaría esperando a Rosa María en las puertas del cementerio a las 12 de la noche. El momento llegó y el joven llevaba puesto su mejor traje de charro negro esperó por su amada, pero jamás llegó, confuso y nervioso fue a buscarla a su casa, al llegar la sorpresa fue grande, pues se enteró que su enamorada había sido asesinada por su propio padre. Desde entonces se dice que todas las noches se ve a un joven montando un caballo negro vestido con un traje negro de Charro y un gran sombrero penando por su gran amor.

Leyenda de la Princesa del Cerro de la Bufa

El cerro de la Bufa ubicado en la capital de Guanajuato esconde la antigua leyenda de una princesa guanajuatense que al rechazar el cortejo de un ambicioso brujo fue condenada a vivir en la punta del cerro hasta ser rescatada.

Un día, un hombre que paseaba por el cerro encontró a una bella joven que le suplicaba la llevara en sus brazos a la puerta de la entrada de la Basílica de Guanajuato, para así, romper el hechizo. De lograrlo se casaría con ella y obtendría todas sus riquezas, sin embargo debía hacerlo sin voltear por ningún motivo hacia atrás, de lo contrario, la bella muchacha se convertiría en horrible serpiente y todo termina ahí.

Con miedo, el hombre aceptó. Después de un tramo de recorrido el joven comenzó a escuchar y todo tipo de amenazas y la curiosidad le ganó, de inmediato la princesa se transformó en una terrorífica serpiente. Se dice que la princesa continúa en la punta del cerro de la Bufa esperando a que llegue un joven que la ayude a romper la maldición.

El Reloj de la Muerte del Hospicio Cabañas

El reloj que se instaló en la fachada del Hospicio Cabañas a mediados del siglo XX fue uno de los primeros que hubo en la ciudad de Guadalajara y también fue uno de los más bellos, mas nadie se imaginaba que aquella pieza iba a formar parte de una leyenda oscura.

Durante un tiempo el reloj funcionó muy bien y era la sensación de los lugareños, sin embargo, de un momento a otro se detenía sin ninguna explicación y volvía a funcionar hasta que un operador iba a repararlo o en ocasiones incluso empezaba a caminar por sí solo. Esto aconteció durante un tiempo, sin que nadie pudiera dar una explicación lógica.

Al pasar el tiempo las monjas se dieron cuenta que un fenómeno extraño sucedía: cada vez que el reloj se detenía un niño del hospicio moría, tal fue el temor que esto desencadenó que el reloj fue mandado a quitar y destruir para que no pudiera volver a anunciar ninguna muerte.

 

La monja fantasma en el Templo de Santa Rosa de Viterbo

 

Las paredes del hermoso Templo de Santa Rosa de Viterbo en Querétaro, guardan una de las historias más escalofriantes del estado, pues más allá de su magnífica arquitectura se conoce la leyenda de una monja fantasma vestida de blanco, quien deambula por sus pasillos e incluso su imagen está plasmada en uno de los cuadros que decoran el lugar.

Se conoce poco de la misteriosa monja. Se sabe que su nombre fue Sor Ana maría de San Francisco y Neve o “Sor Neve” como todos la llamaban.  La historia inicia cuando esta mujer, se enamoró perdidamente de un hombre. Al darse cuenta, sus padres que eran personas muy conservadoras, rechazaron la relación y decidieron enviarla a hacer vida religiosa y así separarla de él. Ella al sentirse tan decepcionada y abrumada por la tristeza, decidió quitarse la vida dentro del convento.

Desde ese momento, quienes frecuentan el Templo de Santa Rosa de Viterbo han sido testigos de la figura fantasmal de una monja de hábitos blancos y semblante sombrío que camina por el altar antiguo del templo y los pasillos del Colegio de Arte, que está a un lado.

El fantasma de “El Jergas”

En el Pueblo Mágico de Real de Catorce en San Luis Potosí, un sitio que tuvo gran actividad minera, nace la historia de “El Jergas”, quien según la leyenda fue un minero que murió mientras trabajaba. El Jergas se aparecía en las minas cuando un minero se encontraba solo. Vestía botas, casco y ropa de trabajo, un atuendo muy normal para quienes laboraban en el lugar, por lo cual su figura no sugería nada fuera de lo común. Se presentaba ante el trabajador como ingeniero, en seguida le daba la orden de que debía regresar a trabajar para así perderlo en túneles escondidos o zonas desconocidas de la mina, de donde el minero sólo podía salir si alguien lo rescataba.

Sin embargo, se cuenta que en la mayoría de los casos el Jergas no hacía daño a los mineros, por el contrario, casi siempre los recompensaba y lo llevaba a puntos específicos donde había una rica cantidad de minerales que extraer, o bien en sus bolsillos aparecían pepitas de oro y plata, pero en otras tantas ocasiones, el Jergas sólo extraviaba a los mineros sin darles nada a cambio.

Pese a no ser un espíritu maligno, los obreros le temían, ya que no se sabía si su aparición iba a traer consigo un beneficio o simplemente iba a perderlos en la mina por horas o días, sin posibilidad de salir por sí mismos. Hoy en día, la gente dice que el Jergas aún habita en los yacimientos del pueblo, y que está en espera de encontrar a alguien para extraviarlo por alguno de los sitios misteriosos que albergan las minas, por lo que pocos se atreven a caminar por esos lugares a solas.

Leyenda de la piedra negra

 

Durante la época virreinal, en Vetagrande, Zacatecas, Misael Galán y Gildardo Higinio, emprendieron una aventura en la sierra zacatecana en búsqueda de riquezas. Hallaron una cueva con un veta madre y  comenzaron a escarbar, pero no hallaron nada. Hartos y cansados maldijeron al cerro y exigieron les entregara su riqueza; cuando acabaron su reclamo, de pronto una gran piedra de oro apareció frente a ellos.

Misael fue al pueblo a comprar comida y bebida para fesrejar, mientras Gildardo se quedó solo en la cueva. Ahí se le apareció un espíritu maligno y le dijo: “¡Qué tonto! ¿De verdad crees que tu amigo va a compartir la riqueza contigo? La piedra es tuya. Cuando vuelva pregúntale si ambos son ricos y te darás cuenta”. Al volver su compañero le hizo la pregunta y él respondió: ¡No molestes, sí yo soy rico!. Gildardo enfurecido, acabó con la vida de Misael y quiso tomar la piedra para llevársela, el espíritu se manifestó nuevamente impidiéndoselo y expresó: “te dije que la piedra es tuya pero no que podías llevártela y por traicionar a tu amigo, tu maldición será enloquecer y quedarte aquí toda la eternidad”.

Fray Buena Ventura comenzó la búsqueda de los jóvenes, al llegar encontraron a Gildardo enloquecido aferrado a la piedra dorada rodeado de decenas de cádaveres. Fray, observó ese escenario tomó su biblia, un rosario y agua bendita y comenzó a rociarla en la cueva, entonces la piedra se tornó negra y maldita, fue trasladada a la catedral que aún estaba en construcción.  Se dice que la piedra negra aún puede verse, desde la Calle del Ángel, en un muro de la catedral de Zacatecas.

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